Arte y Crítica

Columnistas - febrero 2015

Tacita Dean: El último rayo verde

por Juan José Santos

La guerra entre el cine analógico y digital tiene una de sus más cruentas batallas con el trabajo de la artista británica Tacita Dean. Seguramente estaremos de acuerdo en que no tiene mucho sentido seguir viendo películas en 16mm en el 2015. ¿O no?

Desde que el Museo Reina Sofía devolviera a la actualidad los trabajos de José Val del Omar (reactualizándose en la última Bienal de São Paulo) me pregunto si las filmaciones que fueron hechas en 35 y en 16 mm (formatos de película fotográfica con diferentes anchos), es decir, en analógico, deben reproducirse con un proyector cinematográfico, y no plegándose a las ventajas del reproductor digital. Obtengo una respuesta tajante al escribir este artículo.

2001; La artista Tacita Dean está en Madagascar intentando grabar el rayo verde. Un fenómeno óptico que surge, en raras ocasiones, del horizonte, justo en el instante en el que el sol se recoge. Dean está expectante con toda su parafernalia analógica de grabación. A su lado, dos turistas con dos videocámaras que quieren grabar el mismo evento. El sol cae y desaparece. Los turistas ni ven ni graban el escurridizo rayo verde. No se entusiasmen; la artista tampoco.

Tacita Dean, FILM stills, 2011, Installation view, Norton Museum of Art, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York:Paris

Tacita Dean, FILM stills, 2011, Installation view, Norton Museum of Art, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York/Paris

Tacita Dean realizó una obra en la Sala de Turbinas de la Tate en el 2011; “Film” (más información). La proyección de imágenes en celuloide, desde un proyector cinematográfico, sobre un monolito vertical instalado en el Museo. Dean pintó, modificó e intervino los fotogramas con el objetivo de generar una experiencia única al espectador, que era así testigo de un trabajo audiovisual monumental realizado de forma artesanal. A propósito de “Film”, Tacita Dean afirma lo siguiente; “Film es tiempo hecho manifiesto: tiempo como longitud física – 24 fotogramas por segundo, 16 fotogramas en un formato de 35 mm. Son todavía imágenes insertadas movimiento a movimiento, y es eternamente mágico. El tiempo en mis películas es el tiempo de la película en sí”. La artista trabaja manipulando los fotogramas, pero también dando campo abierto a lo inesperado, al accidente, al error, y que de éste surja una creación absolutamente nueva y, en sus palabras, mágica. Su labor es, según dice, “Sobre la fe en lo que ves”. El poeta inglés Alfred Tennyson, nacido cerca de la Canterbury natal de Tacita Dean, es autor de esta sentencia: “Hay más fe en una honrada duda, creedme, que en la mitad de las creencias”.

Volvamos al intento, casi utópico, de esta artista por plasmar sobre celuloide el destello verde del atardecer. Ni ella ni los turistas –digitalizados– lo vieron ni grabaron. Pero alguna duda (o fe) tendría Tacita Dean cuando quiso revisar todas sus grabaciones en su estudio berlinés. Cuando observó con detenimiento el rollo de ese atardecer en Madagascar lo vio. El rayo verde. El formato analógico registró ese resplandor sobre la línea del océano. El digital, no.

Tacita Dean, FILM, 2011. Installation view, Tate Modern, London. Photography Marcus Leith & Andrew Dunkley, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York/Paris.

Tacita Dean, FILM, 2011. Installation view, Tate Modern, London. Photography Marcus Leith & Andrew Dunkley, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York/Paris.

 

Con esta reveladora (y revelada) anécdota comienza Rosalind Krauss una conferencia sobre el trabajo “Film” de Dean. Con el rayo verde, novelado por Julio Verne en 1882 (con tintes románticos; en el libro de aventuras la leyenda decía que si una pareja veía el rayo verde junta, se enamoraría) y convertido en película (aburrida hasta la muerte) por Eric Rohmer en 1985. Krauss se centra en el mito popularizado por los marineros, que son quienes más veces han visto este fenómeno natural, y que asegura que los testigos del fulgor vivirán cambios positivos o tendrán fortuna en sus vidas. Krauss se hace eco de algunas de las expresiones que utiliza Dean, la pixelación del mundo digital (que dejó a los dos turistas huérfanos de rayo), y la naturaleza indexada de la fotografía analógica. Para rizar el rizo, Rosalind Krauss da cuenta de una ironía; Eric Rohmer, para mostrar en pantalla el maldito rayo verde, tuvo que echar mano de efectos digitales. Los motivos de la defensa de lo analógico coinciden en Dean y Krauss.

Tacita Dean, FILM, 2011. Installation view, Tate Modern, London. Photography Marcus Leith & Andrew Dunkley, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York/Paris.

Tacita Dean, FILM, 2011. Installation view, Tate Modern, London. Photography Marcus Leith & Andrew Dunkley, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London and Marian Goodman Gallery, New York/Paris.

La intriga del registro fantasmagórico de Tacita Dean se basa en la técnica del formato analógico. En celuloide se trabaja con una transición que no existe en lo digital. El sensor CMOS, la tecnología que controla la luminosidad y el contraste en nuestros sistemas digitales de grabación, no es aún capaz de captar matices que sí se registran en el sistema analógico. Nuestras cámaras digitales, smartphones, etc…no alcanzan a recibir la cantidad de luz por píxel que sí es capaz el sistema analógico. Además de que la forma de grabar es diferente (si hablamos de imágenes en movimiento): en analógico no tienes margen de error (solo puedes hacerlo una vez, no hay posibilidad de “borrado”), y como máximo puedes capturar once minutos seguidos. Parecerá una desventaja, pero para algunas personas, como Tacita Dean, es simplemente otra forma de trabajar; “es un medio diferente”. Por lo tanto, “mantengámoslo”. Entramos en un terreno filosófico si analizamos las consecuencias de que hoy en día, gracias a “lo digital”, todo se puede borrar, re-grabar, manipular, etc….de tal manera que ya no haya espacio para el error, y con el analógico, todo tenía que estar muy bien planificado, preparado y ensayado, ya que el más mínimo fallo no iba a poder ser modificado. ¿Cómo afecta este hecho a nuestra concepción y aceptación del fracaso? ¿Y qué valor tiene ahora el éxito?

 

“No creo que en la historia del arte ningún artista se haya visto obligado a perder su principal medio de expresión” protesta amargamente esta artista. En el 2011 tanto la obra como el pensamiento de Tacita Dean originaron un maremoto de artículos y ensayos a favor y en contra, mientras la civilización analógica continuaba su insoldable decadencia. El crítico Miguel Ángel Hernández decía lo siguiente; “Esa preservación de la vida analógica no tiene lugar en el cine, sino en el museo, que en cierta manera comienza a funcionar como hospital, como sala de curas –el término “curador” tomaría aquí un sentido médico– , como un espacio en el que estos medios despliegan una especie de vida artificial, tras haber sido expulsados del espacio al que supuestamente pertenecen”. Parece ser que únicamente desde el arte se pueden salvar éste y otros medios que son abandonados en sus círculos de origen. ¿Cómo ejercicio de excentricidad? ¿De nostalgia?.

JG, 2013, Film still, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London y Marian Goodman Gallery, New York/Paris

JG, 2013, Film still, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London y Marian Goodman Gallery, New York/Paris

En el artículo “Salvar el celuloide” la artista Tacita Dean daba testimonio del fin del analógico, afirmando que no podría continuar su trabajo artístico en dicho formato por cuestiones técnicas; la empresa Fuji dejó de producir rollos de película en el 2013 y Kodak está en concurso de acreedores. Denunciaba una transición hacía lo digital “indecente e irresponsable” y opaca. Su tesis era clara; “El celuloide y lo digital son técnicas diferentes y producen cines diferentes”. Acerca del interrogante inicial, si las obras grabadas en celuloide debían visionarse con un proyector analógico, Dean, en ese mismo artículo, afirma lo siguiente; “Existe un amplio consenso acerca de la falsificación de la experiencia original que supone proyectar digitalmente un clásico hecho en celuloide, puesto que con ello se impide el verdadero encuentro con la obra originaria”. Lo que convertimos cuando pasamos un 16 mm a digital no es un formato incómodo a otro más manejable. Erradicamos su poesía. La magia.

JG, 2013, Film still, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London y Marian Goodman Gallery, New York/Paris

JG, 2013, Film still, cortesía de la artista, Frith Street Gallery, London y Marian Goodman Gallery, New York/Paris

 

Otra de las imágenes con las que juega Tacita Dean en “Film” es la del Monte Análogo. Es una montaña imaginaria, más alta que el Everest, con cualidades mágicas, que da título a la novela inconclusa de 1952 de René Daumal (y en la que se basa en gran medida “La montaña mágica” de Alejandro Jodorowski). Un libro de cabecera de los montañistas, personajes solitarios que se dejan la vida para escalar cimas de más de siete mil metros de altura. Para qué suben montañas. Para qué escribimos. Para qué trabajamos en un formato que están matando.

Para qué perseguimos el rayo verde.

 

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