Arte y Crítica

Columnistas - abril 2014

Bolivia existe (o el color de un durazno a las seis de la tarde)

por Juan José Santos

Cada una de las tres principales ciudades del país tienen sus propias características y lidian con sus propios obstáculos. Quizás, a través del análisis particular, podamos capturar una panorámica general, y determinar si Bolivia es un país emergente o un país en emergencia, o, antes de eso, si realmente, Bolivia existe.

El General Mariano Melgarejo, dictador de Bolivia entre 1864 y 1871, se atusaba la barba con excitación. No podía esperar para presentar a su nueva venus de alcoba. Convocó al embajador de Gran Bretaña a una fiesta en honor de su última amante. El embajador sin embargo creyó que aquello era un escándalo, que Melgarejo era un analfabeto y un borracho (no decía nada que no supiera todo el mundo) y declinó la oferta. Melgarejo insultó al embajador de Gran Bretaña en Bolivia, lo hizo traer a palacio, lo ató a un burro, y le hizo dar tres vueltas a la plaza de La Paz. El embajador, tras recuperarse, le contó lo sucedido a la Reina Victoria, quien preguntó poniendo el grito en el cielo dónde estaba Bolivia. Le hicieron llegar un mapa donde localizaron el país tras algo de esfuerzo. La Reina Victoria lo tachó mientras maldecía: “Bolivia no longer exists” (“Bolivia ya no existe más”).*

En enero de este año se clausuró la exposición “Bolivia existe” organizada por Momenta Art en New York. Los artistas Andrés Bedoya, Galo Coca Soto, Anuar Elías, Julio González Sánchez, Claudia Joskowicz, Cecilia Lampo, Raquel Schwartz y Santiago Contreras Soux querían borrar, con arte, las tachaduras que aquel día trazó la enfurecida Reina Victoria.

Cada una de las tres principales ciudades del país, Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, tienen sus propias características y lidian con sus propios obstáculos. Quizás, a través del análisis particular, podamos capturar una panorámica general, y determinar si Bolivia es un país emergente o un país en emergencia, o, antes de eso, si realmente Bolivia existe.

Galo Coca, "Piel", acción, Bienal de Siart, 2013, cortesía del artista.

Galo Coca, “Piel”, acción, 2013, Bienal de Siart, cortesía del artista.

Santa Cruz

– ¿Bolivia existe?

– Totalmente. ¡Y ahora más que nunca!

Raquel Schwartz en un panel de discusión de la exposición "Bolivia Existe", junto con Eric Heist, director de Momentaart, la artista Claudia Joskowicz y el crítico Viveros-Fauné, cortesía Raquel Schwartz

Raquel Schwartz en un panel de discusión de la exposición “Bolivia Existe”, junto con Eric Heist, director de Momenta Art, la artista Claudia Joskowicz y el crítico Viveros-Fauné, cortesía Raquel Schwartz.

Así comienza la entrevista con Raquel Schwartz, artista y directora de las galerías Kiosko y Nube de Santa Cruz, la ciudad más pujante de Bolivia. Ella formó parte de la exposición “Bolivia existe” (“Abrió un ojo a los que creen que en Bolivia no existe el arte conceptual, además fue una gran oportunidad para juntar algunas obras bastante emblemáticas sobre política y sociedad”) y hoy está generando espacios de aprendizaje, diálogo y exposición en una ciudad con poca tradición de arte contemporáneo. Pero para Schwartz, este paisaje está cambiando: “estamos trabajando para que así sea, siempre llegamos un poco atrasados y, siendo un país pequeño, existen muchas otras prioridades. El arte siempre ha dependido de apoyos gubernamentales. Pero hoy vemos que hay más iniciativas de jóvenes artistas que están armando colectivos con distintas intenciones y espacios alternativos de exhibición y venta”.

Raquel Schwartz en un panel de discusión de la exposición "Bolivia Existe", junto con Eric Heist, director de Momentaart, la artista Claudia Joskowicz y el crítico Viveros-Fauné.

Raquel Schwartz en un panel de discusión de la exposición “Bolivia Existe”, junto con Eric Heist, director de Momenta Art, la artista Claudia Joskowicz y el crítico Viveros-Fauné, cortesía de Raquel Schwartz.

Si uno echa un vistazo a las exposiciones mostradas en Kiosko de artistas bolivianos, verá que la calidad y la frescura de muchas de las propuestas es muy elevada. Nada podría indicar que estamos hablando de un país sin ofertas educativas de arte contemporáneo, con un presupuesto público nimio y poca visibilidad a nivel internacional. Así lo explica Raquel Schwartz: “Los obstáculos siempre son los mismos; falta de oportunidades, carencias económicas, mucha incomprensión de parte de autoridades que no quieren mirar al arte contemporáneo como valor. Además hay que decir que las escuelas de arte están muy atrasadas, con modelos de estudio del siglo pasado, y esto no ayuda para nada en la cadena del mundo del arte, es casi nula la crítica y la autocrítica…”.

El artista y curador Douglas Rodrigo Rada, cortesía del artista.

El artista y curador Douglas Rodrigo Rada, cortesía del artista.

Cochabamba

Su situación geográfica es significativa. A medio camino entre Santa Cruz y La Paz, está Cochabamba. El espacio Martadero trabaja en un barrio periférico, creando vínculos entre la cultura, el arte y la comunidad local. Un proyecto multidisciplinar que demuestra cómo la voluntad es capaz de superar la ausencia de un circuito o de un apoyo económico estatal. Así, con voluntad, es como surgen los agentes relacionados al arte contemporáneo, generando proyectos y ententes. Douglas Rodrigo Rada es uno de ellos; artista y curador, es impulsor del Festival de Performance “Cimientos” y de la Bienal “Contextos”, además de gestionar uno de los pocos blogs con textos críticos sobre arte boliviano. Para él, la idea de arte emergente en Bolivia es complicada: “no hay una estructura que sea capaz de definir qué es un artista joven y cuándo deja de serlo. Creo que la generación de artistas que ahora están construyendo la imagen de la Bolivia contemporánea tienen entre 35 y 50 años y que su producción es una gran representación de lo que es el país”.

Ivette Mercado "Cita a Ciegas", Performance, Festival Cimientos, 2013, cortesía de la artista.

Ivette Mercado, “Cita a Ciegas”, performance, 2013, Festival Cimientos, cortesía de la artista.

 

Ivette Mercado "Cita a Ciegas", Performance, Festival Cimientos, 2013, cortesía de la artista.

Ivette Mercado, “Cita a Ciegas”, performance, 2013, Festival Cimientos, cortesía de la artista.

Ivette Mercado presentó en el último Festival “Cimientos” la obra Cita a ciegas (instancia que, por cierto, comprueba edición a edición cómo la performance en Bolivia goza de muy buena salud). En la acción de Mercado, diez autoridades públicas del departamento de Cochabamba compartieron mesa, a oscuras, con personas ciegas. Metáfora de la “ceguera” institucional, pero también de que estos, con un poco de esfuerzo, pueden llegar a tener éxito y llevarse un pedazo de comida a la boca. Como constata Rodrigo Rada, hay alimento de sobra: “en los últimos años han llegado muchos intelectuales internacionales a conocer la escena del arte contemporáneo local, y creo que todos han estado de acuerdo en que si bien la institucionalidad de la cultura local es muy frágil, hay muy buenos artistas de distintas generaciones y con propuestas muy diversas entre sí; Bolivia actualmente tiene el reto de fortalecer su escenario local para poder relacionar su cultura con el resto del mundo”. ¿Relacionar su cultura con el resto del mundo?

Ivette Mercado "Cita a Ciegas", Performance, Festival Cimientos, 2013, cortesía de la artista.

Ivette Mercado, “Cita a Ciegas”, performance, 2013, Festival Cimientos, cortesía de la artista.

Ivette Mercado "Cita a Ciegas", Performance, Festival Cimientos, 2013, cortesía de la artista.

Ivette Mercado, “Cita a Ciegas”, performance, 2013, Festival Cimientos, cortesía de la artista.

 

La Paz

Galo Coca, Alejandra Alarcón, Martha Cajías, Glenda Zapata, Maximiliano Paredes, Rosmery Mamani, Claudia Joskowicz, Liliana Zapata, Sol Mateo, Andrés Bedoya, Marcela Rivera, Roberto Unterladstaetter, Alfredo Román, Alejandra Delgado, Santiago Contreras, Roberto Valcárcel, Narda Alvarado, Manrico Montero, Iván Cáceres. Cualquiera de ellos podría haber representado a Bolivia en la curaduría de Alfons Hug en la última edición de la Bienal de Venecia.

Santiago Contreras, "Babeles (descascarar, deshacer)", performance 2011, cortesía del artista.

Santiago Contreras, “Babeles (descascarar, deshacer)”, performance, 2011, cortesía del artista.

Pero no. Fue Sonia Falcone. Los rumores de que su inclusión en dicha exposición fue por motivos económicos (ella pagó por estar allí) no parecen descabellados. Así lo cree Andrés Pereira, artista e investigador: “Evidentemente no vive en Bolivia. Concluyo lo siguiente: es el sistema del arte haciéndose evidente por enésima vez. Falcone tiene los recursos para participar, viajar, instalar y hacer el networking respectivo para participar. La obra me gusta, la decisión curatorial de Alfons Hug de llevarla me molesta, es lógico que no hay mucha investigación tras esta decisión… quizás solo haya que descifrar el código de Hammurabi para saber cuál es la hermenéutica del envío boliviano a Venecia y, paradójicamente, cómo hacerlo posible desde acá sin ayuda del Estado. Dejo el link: http://www.youtube.com/watch?v=trK3WnYGSK0 “. Qué bien poner aquí la obra de Roberto Unterladstaetter: Patético, mejor que Mal resolvido.

Roberto Unterladtaetter, "Patético", tergopor (o plastoform) con purpurina, 25 x 7 cm, 2012, cortesía del artista.

Roberto Unterladtaetter, “Patético”, tergopor (o plastoform) con purpurina, 25 x 7 cm, 2012, cortesía del artista.

Roberto Unterladtaetter, "Mal resolvido", placa de aluminio fundido, 32 x 17 cm. 2013, cortesía del artista.

Roberto Unterladtaetter, “Mal resolvido”, placa de aluminio fundido, 32 x 17 cm. 2013, cortesía del artista.

No es la estrategia más inteligente para dar visibilidad internacional al arte boliviano. Andrés Pereira está actualmente en La Paz ofreciendo talleres de arte contemporáneo en el espacio independiente Ima. Le pregunto si cree que existe una corriente emergente en el arte contemporáneo capaz de resituar al arte boliviano en el continente: “emergente en el sentido de que hay un equipo de gente inter-generacional que trabaja para que esto suceda. Estamos los que salimos y los que se quedaron acá trabajando, enseñando, haciendo residencias, etc. ¿Re-situar el arte boliviano? La pregunta sería si alguna vez estuvo en algún sitio. Quizás esto pasó en la colonia o quizás en algún punto perdido del siglo XX. Hablar de arte boliviano es también de alguna manera limitarlo a una condición territorial o lo que se imagina como identitario de este país. Supongo que como artista solamente el hecho de trabajar ya te da un lugar”.

Selfie del artista e investigador Andrés Pereira, cortesía del artista.

Selfie del artista e investigador Andrés Pereira, cortesía del artista.

En La Paz destacan el polémico colectivo Mujeres Creando o el infatigable trabajo del Museo Nacional de Arte, desde el que se organiza la Bienal Siart. Instancias dinámicas que permiten a los artistas nacionales dialogar con artistas foráneos y a los extranjeros conocer la producción local. El reto es superar los obstáculos y difundir las propuestas de los artistas bolivianos en el exterior. Y, como afirma Andrés Pereira, una vez superada esa fase, no tener que estar tan pendiente del sello en el pasaporte: “siempre pienso que el momento en el que se hable de un artista boliviano que se obsesione con el color de un durazno a las seis de la tarde, habremos llegado a algo. Los sesentas en América Latina son una lección para revisar esto mismo: las coyunturas socio-políticas como parte del paisaje latinoamericano. Da terror pensar que tu tercer apellido sea tu nacionalidad (o alguna que otra condición) y no eso que tratas de hacer bien”.

Andrés Pereira, "Generall Intellect", instalación, 2013, cortesía del artista.

Andrés Pereira, “Generall Intellect”, instalación, 2013, cortesía del artista.

Bolivia es, por méritos propios y por odiosas comparaciones con los países que la flanquean, un ejemplo de autosuficiencia, aunque quede mucho por hacer. Aconsejo parafrasear al malogrado Melgarejo, quien, según se dice, en su lecho de muerte pronunció estas palabras: “Soy Mariano Melgarejo, y de mi suerte, no me quejo”. Como artistas, críticos, curadores de arte contemporáneo, delante de Melgarejo, de nuestra suerte, no nos quejemos.

*Revista Time, 15 de diciembre de 1952.

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