Arte y Crítica

Columnistas - agosto 2013

Artista chileno ¿por qué no te indignas? (Segunda parte)

por Rosa Apablaza Valenzuela

A diferencia de esto, en Chile debes crear una estampa que identifique tu obra y sea tu sello para que otros te puedan dar el debido reconocimiento, lo cual restringe la posibilidad de fuga, siendo esto el principal responsable de la existencia del fetiche mercantil en el arte contemporáneo chileno.

En la medida que el arte en su dimensión objetual y estética insiste en problematizar de manera crítica una realidad a través de representaciones, no es funcional; por eso hablamos de pasar a la acción.

En Cambiar el mundo sin tomar el poder John Holloway dice: Ante la mutilación de vidas humanas provocada por el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de rechazo: ¡NO! (…) Nuestra disonancia surge de nuestra experiencia, pero esa experiencia varía. A veces, es la experiencia directa de la explotación en la fábrica, de la opresión en el hogar, del estrés en la oficina, del hambre y la pobreza o la experiencia de la violencia o la discriminación. A veces lo que nos incita a la rabia es la experiencia menos directa de lo que percibimos a través de la televisión, los periódicos o los libros.

Artista chileno, ¿has sentido esta disonancia?

Respecto a esta nueva escena en el arte chileno, recientemente han existido dos instancias que abordan diversas problemáticas que las atraviesan: la Trienal II en Galería Metropolitana realizada en octubre y el Nº 3 de ArteyCritica.org  “Ortopedia: el boom de los espacios independientes”, publicado en diciembre. Respecto a lo primero, me parece muy dilucidador el texto Apuntes para pensar la autonomía desde el arte escrito por Espacio G y leído en la mesa Espacios independientes, autogestionados y/o autónomos: para qué. Y en cuanto a la segunda, me parece muy aclaradora la entrevista Arte y movilizaciones estudiantiles. Conversación con Cristián Inostroza realizada por Ignacio Szmulewicz, para entender aquello que quiero decir cuando me pregunto quién se ha hecho cargo del problema.

En el texto de Espacio G se aborda la idea de autonomía, estableciendo diferencias sustanciales entre independencia  y  autonomía, entendiendo esta última como la posibilidad de vernos a un nosotros desde dentro, construyendo espacios de crítica hacía la representación como una forma de deconstruir aquella realidad política del contexto de producción capitalista. Espacio G, en sus inicios, fue principalmente un espacio de exposiciones, pero siempre a la par de  ser un lugar de activación de prácticas expansivas y liberadoras desde la colectividad. Ahora su postura se ha radicalizado. Y a no es un mero espacio de exhibición donde encontramos representaciones de la realidad, sino que uno de accionar colectivo donde funciona un hacklab que genera y comparte conocimiento en base a una política radical de la igualdad. También llevan a cabo un proyecto de un huerto comunitario que se llama “Huertos Flotantes” y además en el Espacio funciona una cooperativa que se llama “La Lechuga”.

Imagen de cooperativa de alimentación colectiva La Lechuga. Cortesía de Espacio G Lab.

Imagen de cooperativa de alimentación colectiva La Lechuga. Cortesía de Espacio G Lab.

 

En la entrevista que ha hecho Ignacio Szmulewicz a Cristián Inostroza se presenta la incidencia que han tenido algunos artistas al interior del movimiento estudiantil en Chile, a través de la conformación de la AEEA (Asamblea de Estudiantes de Arte).

Acción “Paraguazo” de la AAEA. Imagen cortesía de Cristian Inostroza http://asambleadeestudiantesdearte.blogspot.com

Acción “Paraguazo” de la AAEA. Imagen cortesía de Cristian Inostroza
http://asambleadeestudiantesdearte.blogspot.com

Pensar y construir la autonomía y que un grupo de artistas se haya organizado para apoyar el movimiento estudiantil es un gran avance, son premoniciones y acciones concretas respecto a que algo anda mal.

Lo que ha sucedido en los últimos diez años en otros países de nuestro continente se condice con lo tratado en estos textos: los artistas se han reunido, han salido a la calle a la par de los movimientos sociales y han dejado de colgar el cuadro en la pared, generando procesos expandidos funcionales e instancias liberadoras colectivas para alcanzar la autonomía que desean tener. Se han visto afectados por su presente inmediato, (…) claros en su repudio a la vieja política estadocéntrica, con todo lo que conlleva en términos de corrupción y hastío por el uso de las personas como medio para sus propios fines[1].  La ira ha podido más que ellos; se han indignado y han tenido dos huevos y medio para salir a la calle bajo el riesgo de la golpiza, la violación y/o el arresto.

Dos ejemplos concretos de lo que digo son: el primero, es la incidencia de Grupo Etc. (Argentina) en los movimientos sociales surgidos a partir de la crisis del 2001, siendo una de sus más acciones más interesantes “el Mierdazo”.

Imagen de acción el Mierdazo. Cortesía de Grupo Etc.

Imagen de acción el Mierdazo. Cortesía de Grupo Etc.

Y el segundo ejemplo es la creación de Integração sem Posse en Brasil en 2003, movimiento iniciado por artistas  y colectivos de arte a partir de la experiencia de ACMSTC (Arte y Cultura en el Movimiento sin Techo del Centro) una intervención artística colectiva realizada en la Okupa Prestes Maia, organizada por Túlio Tavares y Fabiane Borges donde, por ejemplo, muchos colectivos, entre ellos Frente 3 de Fevereiro, estuvieron implicados y comprometidos con la resistencia frente al desalojo de la Okupa en el que se vieron afectadas más de 450 familias brasileñas que no tenían donde vivir.

Acciones en Prestes Maia. Imagen extraída de  http://integracaosemposse.zip.net

Acciones en Prestes Maia. Imagen extraída de
http://integracaosemposse.zip.net

Podemos reconocer que estos colectivos igualmente han sido cooptados, musealizados; pero a pesar de esto, han colaborado en procesos sociales muy significativos de cada contexto y lo más importante es que han renovando sus gramáticas y tácticas en un estado de swarming constante.

A diferencia de esto, en Chile debes crear una estampa que identifique tu obra y sea tu sello para que otros te puedan dar el debido reconocimiento, lo cual restringe la posibilidad de fuga, siendo esto el principal responsable de la existencia del fetiche mercantil en el arte contemporáneo chileno.

¿Por qué en otros países de Latinoamérica han surgido tantas prácticas artísticas que operan desde el interior de los movimientos sociales o que simplemente los han creado? Para hacer un arte político necesitamos tener ira contra el mundo. Pero en Chile, tal como podemos escuchar al final del video[2] de la “Acción Radios” de la AEEA el poder de la creatividad y de la imaginación ha sido menoscabado por el racionalismo, la lógica y el objetivo. ¿Dónde está el artista con esta dictadura de la inacción institucionalizada, dónde está el artista? Desde nuestra ira y todas las posibles acciones que tenemos en mente, también tenemos miedo, pues en este país aún hay que pedir permiso para accionar en el espacio público, pues la violencia policial sobrepasa los límites de toda ética humanitaria posible y está absolutamente naturalizada. Por eso también, además de lo que ya he mencionado, me parece importante el surgimiento de prácticas recientes por parte de artistas nacidos a fines de los 80, y que, principalmente, accionan desde la performance a través de irrupciones en el espacio público, mediante rituales y gestos radicales para resituar y resucitar el cuerpo en el espacio público.

Más allá de poder poner los dos ejemplos que he mencionado, es decir espacio G y la AEEA, me alegra saber que dentro de esta lamentable perspectiva del arte chileno, existe la sospecha en muchos de nosotros de que algo anda mal. En palabras de John Holloway: Sentir que el mundo está equivocado no significa, necesariamente, que tengamos cabal idea de una utopía que ocupe su lugar. (…) Este es nuestro punto de partida: el rechazo de un mundo al que sentimos equivocado, la negación de un mundo percibido como negativo. Debemos asirnos a esto.

Durante el último mes he leído en facebook a modo de breves intervenciones en muros, manifestaciones de esto. Aquí reproduzco la que más sentido me ha hecho:

“¿Qué consistencia puede tener un “arte político” que no es crítico con la microfísica del poder, es decir, un arte político “temático” ejercido por gente que al final igual se baja los pantalones frente a curadores y coleccionistas o (literalmente) se mete las mismas cosas que desea x la raja en sus obras, como si las rechazara?” 10 de Diciembre de 2012, por Demian Schopf.

Esta cita representa la noción que nos propone Holloway respecto a cambiar el mundo sin tomar el poder. El libro nos dice que nuestra incidencia en nuestro propio contexto, a modo de cambio social, no pasa por ir en contra del Estado pues éste no puede existir estando fuera del capital sin establecer relaciones de poder desde la lógica de la producción. Por esto, para generar cambios sociales y construir las políticas transformadoras que deseamos, no nos queda otra que buscar y luchar por conseguir nuestra autonomía. Esto significa disolver las relaciones de poder y crear procesos horizontales, desde una ética radical de la igualdad, como en el movimiento hacktivista y la cultura libre.

Luego hay otras prácticas, aquellas que realmente pienso que se han hecho cargo. Por ser uno de mis nodos más próximo, podría mencionar a Espacio G. Hay muchos otros y conforman toda una ecología de movimientos emergentes que han surgido en este país y que mezclan prácticas generadoras de otras formas de vida, utilizando herramientas creativas en la construcción de un nuevo pensamiento tomado desde los movimientos alterglobalización. En los próximos textos ahondaré más en esto, por el momento, les dejo la sospecha.

 



[1] Holloway, John. “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. Lom Ediciones, Pág. 13.

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