Arte y Crítica

Columnistas - noviembre 2014

La crítica en Chile (nada personal)

por Juan José Santos

Panorámica del análisis de exposiciones en el país: qué es la crítica, para qué sirve, quién la escribe, cómo se recibe, obligaciones, responsabilidades y soluciones.

Son pocos, muy pocos. Visten mal (‘normcore’, le llaman ahora). Comen mucho canapé templado y son de humor distraído –¿habrá alguna conexión? Los localizarán en las exposiciones, encorvados frente a las obras de arte como si las estuvieran oliendo. Son una especie en extinción. El arte ha sufrido un ataque nuclear, pero ellos siguen ahí, como cucarachas. Son los críticos de arte.

Me considero uno de ellos, y también me pregunto, junto con mis padres, en qué maldito momento me dio por ser uno de ellos, sabiendo como sabía que, una vez asumido que nunca iba a ser rico y que podía elegir una profesión de esas, de las cualquiera, son los músicos los que se llevan a las chicas más guapas.

Me ciño al caso chileno, que es peor que el español, y muchísimo peor que el de los países anglosajones, pero mejor que el peruano o boliviano, por ejemplo. Un crítico de arte hiperactivo, que colabora en diversos medios, gana por su labor, como media, 100.000 pesos al mes. No hay muchos sitios en los que escribir. Es casi imposible que compatibilice su labor con la curaduría. Por cada crítica negativa que escribe gana 7 likes y pierde 10 amigos y 2 posibles trabajos. En las redes sociales le atacan como si fuera un político de derechas. Y, recordemos, viste mal.

Pero este artículo no es un ejercicio de victimismo. Hay críticos deshonestos, corruptos, que escriben ‘comolasweas’, que tienen una base intelectual quebradiza, que engañan. Este texto pretende aplaudir al que no hace eso, y realizar una panorámica a la crítica de arte en Chile. No se refiere a los que escriben artículos, columnas, entrevistas, etc. Solo y exclusivamente a los que escriben crítica de arte; análisis de exposiciones.

EVNI: Escritura Voladora No Identificada

La crítica de arte es el análisis de una exposición, performance o evento artístico. A partir de aquí, la cosa se complica hasta convertirse en una especie de EVNI, ya que cada crítico tiene su estilo y su metodología.

Puede ser una fusión de diversos géneros. Puede ser satírico, irónico o poético, puede descubrir datos novedosos o poco conocidos. Puede facilitar la lectura de una obra o puede complicarla, si es que el crítico desea enmarañar al lector. Puede presentar brevemente la trayectoria del creador de la obra de arte. Puede establecer conexiones con otras obras o con otras disciplinas. (Nota: puede, significa que no es obligatorio).

Es preferible que sea legible y accesible a hermética. Debe partir de la descripción e interpretación del objeto de la crítica, aunque, a partir de ahí, debe tener cierta autonomía de dicha obligación, y tener una cualidad independiente que logre que, aunque el lector no haya visto la obra de arte, goce con su lectura. La crítica de arte puede ser arte. La crítica de arte debe ser independiente en su trasfondo ideológico – no visualizar las inclinaciones políticas del escritor –, aunque debe cuestionar y desconfiar de los poderes fácticos. Debe mejorar el entendimiento del hecho artístico y contagiar la pasión y el disfrute del arte, que es en el fondo la esencia del crítico: un amante del arte.

Tiene una parte objetiva: la descripción de la obra, el análisis de los elementos. Tiene una parte subjetiva: el gusto del crítico.

Y aquí vamos al meollo: debe emitir un juicio. El crítico debe juzgar la obra –que no es lo mismo que enjuiciar. La crítica critica; ese es su origen y su finalidad. No para convencer al lector, sino para orientarlo, sugerirle, proponerle. No impone argumentos: los expone. El juicio es hacia elementos objetivos: el equilibrio del color en un cuadro, la coherencia entre la idea y el resultado, la disposición en el espacio, el acabado de las piezas, etc. De hacia elementos subjetivos: de nuevo, el gusto del crítico, que puede ser compartido o no. En todo caso, a un lector le puede seducir una crítica, aún sin compartir el juicio subjetivo del crítico.

La crítica no es una ciencia, y cada crítico tiene sus gustos, pero normalmente, los críticos suelen coincidir. La crítica no es difusión. No está obligada a ser pedagógica. Eso lo tienen que hacer los museos, las publicaciones de objetivo didáctico y, sobre todo, la mediación.

El personal

El crítico de arte es aquel que escribe críticas de arte. Parece una perogrullada, pero no lo es en vista a la cantidad de personas que han escrito entrevistas, artículos, textos curatoriales o ensayos, pero jamás han publicado una crítica de arte, y firman como críticos de arte. Ha de mojarse. En resumen: decir si le pone un like o un dislike a una exposición. Si leo diez críticas de un autor y todas ellas son positivas, es bastante sospechoso.

No tiene porqué tener estudios especializados –de hecho, hay muy pocas instancias para poder aprender a escribir crítica. Para considerarse crítico de arte esto es lo exigible:

1. Que haya publicado críticas de arte de manera regular durante un periodo de tiempo prolongado. Haber escrito una reseña en el 99 no lo convierte a uno en crítico. Pero llevar 2 años publicando una crítica cada dos meses, sí.

2. Que se haya especializado en arte contemporáneo nacional e internacional, de forma académica o autodidacta. Constantemente actualiza sus conocimientos.

3. Lee otras críticas y textos artísticos. Visita exposiciones constantemente.

4. Tiene una base filosófica, al menos básica, que ataña a las preocupaciones de la sociedad actual.

5. Tiene que vestir regular. Bueno. Mal.

Un repaso a los críticos de arte en Chile

Los dependientes: César Gabler (escribe en La Panera, y, aunque no tiene estudios especializados, es en mi opinión el mejor crítico de arte del país); Carolina Lara (escribe dos reseñas al mes en La Tercera, y también es capaz de mojarse en sus textos); Waldemar Sommer (El Sommersaurio, quien recientemente, en una crítica a la obra de Nicolás Grum, escribió: “de lectura acaso demasiado evidente e inmediata resultan la entrega del bando presidencial entre dos presidentes nuestros”. Se refería a Aylwin y a Pinochet. Publica, como habrán supuesto, en El Mercurio, en el 2014, aunque parezca del 1814); y los críticos del periódico mensual de Arte al Límite, a quienes también se les puede agregar el sufijo -saurio.

Independientes; Les hallarán principalmente en medios online como Artishock, Arte y Crítica y Punto de Fuga. Son jóvenes, alocados, prometedores y la esperanza para que la cosa cambie.

Para que no me lapiden los comentaristas, ¿alguien sabe si existen críticos de arte que escriban sobre exposiciones en regiones? Gracias.

Jugo de críticos

¿Para qué sirve la crítica? Los críticos dan jugo. Esa es su labor. La crítica de arte es poca cosa, y actualmente lo es más que nunca. (Acaba de publicarse en Artreview la lista de las 100 personas más influyentes en el mundo del arte. 41 de ellos son galeristas o coleccionistas. No hay ningún crítico). Su finalidad no es ser influyente, determinante, omnipotente. Está apegada a la actualidad: su legado no pretende perpetuarse más allá de una o dos semanas como máximo. No sitúa o descuelga a artistas de los salmos oficiales: a eso se dedica la historia del arte. Tiene que arriesgar: el tiempo dirá si se confundió o si acertó. Si la experiencia e intuición del crítico es positiva, Saturno le dará la razón. La intuición, por cierto, es un músculo que se ejercita.

La crítica, texto casi inútil, pero que puede servir para:

– De la crítica al criterio. Señalar y juzgar errores y aciertos, profesionalizar la experiencia expositiva y conseguir así que el espectador pueda ver muestras más elaboradas. Si no hay crítica, nadie se va a preocupar por eso, y el espectador estará condenado a exposiciones horrendas.

– Enseñar al espectador/lector a establecer conexiones y a reflexionar sobre la obra de arte.

– Entretener al lector con una escritura aguda y de calidad.

– Mostrar otras maneras de ver el arte.

– Denunciar malas prácticas.

– Explicar el arte más complicado de entender y decir cuando un artista nos quiere tomar el pelo. Con argumentos.

La otrora postura autoritaria y decisiva del crítico –que no debería ser así– ha sido sustituida por la del curador, pero sobre todo, por el mercado –a esto me refería al inicio cuando hablaba de un ataque nuclear. Actualmente el arte tiene más precio que valor. Y que alguien diga esto por escrito, no tiene precio. La crítica de arte no debería ocupar el espacio presidencial de antaño, pero tampoco el residual actual, sino un término medio.

El crítico de arte ha de ser curioso y humilde. Debe luchar contra el ‘postureo’, las discusiones de pasillo, diluir el elitismo –de ahí el practicar una escritura accesible–, el hipsterismo histérico, y esconder naftalinas en el armario del academicismo, para que aniquile todas las polillas de la caspa/casta universitaria decimonónica. Que se posicione a favor del que lleva la tarjeta BIP frente al salvoconducto VIP.

Sacarle el jugo a la crítica depende del lector. Y para analizar la recepción de la crítica, vayamos al siguiente punto.

Decepción en la recepción

Muchas veces escucho eso de que como el circuito chileno es reducido, como somos pocos los que trabajamos en esto, lo que hay que hacer es apoyarse y no andar diciendo cosas negativas. Yo de apoyar apoyo a todos mis colegas: la mejor manera de hacerlo es exigiendo un nivel de profesionalidad. El circuito es pequeño, sí, pero lo que importa es lo que se está ofreciendo al espectador.

La figura del crítico, por lo general, no se entiende, o se entiende mal. En una charla, Cristián Salineros, artista y curador, con décadas de experiencia en la docencia artística, me interpeló siguiendo una comparación que hice, diciendo “y por qué la opinión de un crítico de arte tiene más peso que la de un vagabundo que vive bajo un puente del Mapocho”. Esa onda. Vaya, porque el crítico ha estudiado arte, va a exposiciones, lee revistas y libros de arte, se esfuerza en formarse, en aprender, en escribir. Trabaja en su conocimiento sobre el arte para volcarlo en sus textos. Por eso su opinión está más fundamentada; porque es un profesional de la crítica del arte. (Nota: tras la charla Salineros me comentó, en privado, que solo quería caldear el ambiente, pero que estaba de acuerdo conmigo en todo).

El crítico debe lidiar con los contraataques, que siempre habrá. Evadir las ofensas personales pero defender sus argumentos. Debería denunciar las posibles consecuencias de su labor. Por experiencia, sé que el ejercicio de una crítica de arte independiente conlleva que se te abran puertas –para indicar por dónde me tengo que ir– y se cierren otras. Y esto es lo realmente grave. Efectivamente, algún día contaré algunos casos concretos que he sufrido.

Debido a la escasa visibilidad de la crítica en Chile y la deficiente educación en arte contemporáneo, se pueden rastrear diversos problemas en la recepción de la crítica. La principal, que lo profesional se confunde con lo personal. Parece que todo es personal.

Pongo un ejemplo reciente. Ignacio Szmulewicz publicó en La Panera una crítica de arte negativa sobre la exposición del Museo de Bellas Artes “¿Qué es de ti, mi buen Juan? El camino del pintor Juan Francisco González”. No había ataques personales. Podías estar de acuerdo o en desacuerdo con el juicio emitido, pero estaba bien argumentada.

Una de las curadoras de la muestra, y curadora del Museo de Bellas Artes, Gloria Cortés, publicó en su muro del Facebook una nota en la que daba constancia de su malestar, afirmando que la crítica era consecuencia de una fobia personal del crítico, y que además, este no se había acercado a ella antes para informarse sobre la muestra. El crítico no está obligado a hablar con el artista –que en este caso está muerto– o con la curadora de una exposición. Ha de realizar su juicio con los mismos elementos de los que dispone el espectador: las obras, los textos curatoriales y, en su caso, el catálogo.

Pero lo realmente cuestionable del ‘Szmulewiczgate’ no fue la postura de la curadora (que también), sino la retahíla de comentarios que obtuvo su nota. Lamentable sobre todo porque la mayoría de los comentaristas son profesionales que trabajan en el circuito del arte chileno. En ellos me topé con casi todos los tópicos volcados contra el crítico de arte:

1. Uno de los comentaristas afirmó que el crítico realizó un análisis negativo, porque en realidad Szmulewicz quería ser el curador de la exposición.

2. Otro decía que el crítico, como parafraseaba a Gaspar Galaz, lo que quería era insertarse en un círculo particular. En una mafia. Vamos.

3. Que el crítico era taquilla. Vaya. Ignacio Szmulewicz taquilla. Y yo que creía que en Chile no era taquilla ni Alfredo Jaar. Su hijo puede. Y en caso de que así fuera, entiendo el término ‘taquilla’ como sinónimo de mediático. ¿Es eso malo?

4. Un comentario tan paradójico que roza las aporías de Zenón de Elea. Criticaba al crítico diciendo que en Chile no había crítica de arte. WTF.

5. Que el problema del crítico se basaba en que era un artista frustrado. Aún con esas –aunque así fuera, que no es, ¿qué hay de malo en intentar ser artista y que veas que no eres tan bueno?

6. Varios insultos personales hacía el crítico.

Y en general, comentarios de apoyo a la curadora, “no le pesques, que tú vales más”. ¿En qué momento nos hemos olvidado de que estamos hablando de una crítica de arte de una exposición, no del crítico, de la curadora, o de Gaspar Galaz? ¿Por qué todo es personal?

Obligaciones y responsabilidades

No todo es blanco o negro, cada caso es discutible, y por ello es complicado elaborar un código deontológico, pero hay cosas que no son discutibles–sería urgente crear una agencia/observatorio independiente que vele por los derechos del crítico de arte y aplique sus obligaciones–. Establezcamos unos presupuestos:

– El crítico puede escribir acerca de exposiciones de conocidos y amigos –aunque no sea recomendable–, siempre y cuando esta relación no influya en el juicio emitido.

– En defensa de su profesión, no debería publicar gratis.

– Sus críticas no deben ser remuneradas por artistas o galerías de arte, ni en dinero ni en especias. No debe hacer publicidad encubierta.

– No debe escribir sobre un proyecto en el que está profesionalmente involucrado.

– Debe ser honesto, y no guiarse por relaciones personales.

Soluciones salinas

1. Las soluciones pasan por poner sal en la herida. Es decir: que haya más medios que publiquen críticas y que estas sean aún más transparentes en sus juicios.

2. Fomentar la educación de la crítica de arte en las universidades, organizar charlas y debates abiertos para darle una mayor visibilidad.

3. Echar a Waldemar Sommer de El Mercurio y poner a un crítico de este milenio.

4. Mayor apoyo a las revistas independientes por parte de auspiciadores privados y públicos, para asegurar su continuidad y una remuneración decente.

5. Que alguien contrate a un coolhunter para que asesore a los pobres críticos, que bastante tienen con lo suyo.

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