Arte y Crítica

Editorial - julio 2014

Del nuevo extremo: descentralización y capital

por Carol Illanes

Quizás la apuesta ya no debería ser que Santiago mire las regiones, sino que las regiones se miren a sí mismas: es desde la capital donde viene la descentralización como discurso culposo. Pero una cosa es indudable, el contexto regional permite leer ejemplarmente las disputas entre los recursos culturales y los recursos económicos.

El gesto de mirar lo que hay ‘fuera’ del contexto capitalino como propuesta editorial, contiene una paradoja en sí misma: el hecho de nombrar, de recurrir a la construcción de una diferencia al decir ‘región’, explicita las consecuencias del diagnóstico.

El diagnóstico es bastante conocido: los problemas en los escenarios culturales regionales que produce la centralización no han cesado y, muchas veces, ni siquiera disminuido. El abandono institucional, por un lado, y las diferentes fronteras –geográficas, económicas, ideológicas– por otro, agravan las carencias de infraestructura necesarias para el desarrollo cultural de las ciudades. No hay duda en que las actuales herramientas de comunicación y socialización han permitido no solo disparar la información de lo que ocurre en regiones, sino también ha incentivado la posibilidad de crear nuevas redes. Los registros circulan sin restricción, visibilizando prácticas, eventos y espacios, mostrando aquello que ha existido y aquello que comienza a existir. Pero nombrar cosifica. Decir ‘arte regional’ no aclara ni ayuda en absoluto. Explicita el lugar de la mirada: miramos desde la capital.

Y si nombrar cosifica, por extensión fetichiza. Hablar de regiones es recordar también todas las ‘otredades’. Producto todavía de un multiculturalismo tolerante, un contexto ‘otro’ puede pasar de la marginación a la instrumentalización –institucional o mercantil–, en un solo paso (Matías Allende). Latinoamérica como región sabe muy bien de aquello, su problema ha sido siempre cómo negociar, cada vez con más obstáculos, el estatuto de su identidad y cómo cuidar de esa gran herida que el colonialismo sigue abriendo (Rosa Apablaza). Por eso es tan difícil poner categorías: siempre debemos temer de nuestras estrategias de observación y nuestras metodologías en los relatos que elaboramos (Carolina Olmedo).

El concepto de región se estira cuando el arte opera en los distintos ‘afueras’. Por ejemplo, por medio de obras que explorando el territorio y el paisaje se sumergen en lugares específicos. Los artistas visitando la antropología, la etnografía, la ciencia, la historia local. Interrumpen un espacio, lo observan e interrogan. Trabajos que exhiben el territorio como experiencia, como itinerario (Antonia Girardi), donde las escalas de tiempo y de espacio permanecen en un juego de azares y cálculos (Andrea Lathrop).

Otros prefieren sumergirse en el trabajo con comunidades por medio de prácticas de base colaborativa donde el arte es una herramienta social. Sujetos que trabajan el territorio pero a partir de las relaciones, la integración y la mediación. En ellas el arte se ve involucrado en una dimensión más doméstica y cotidiana. En lo culinario, en el reciclaje, el trueque, el taller, el oficio y la conversación. Se mueve el catre y la habitación se transforma en galería. Se sacan las obras del galpón y se vuelve un lugar de residencias o un ciclo de mesas de discusión. Iniciativas relacionales que operan como organismos endógenos llenos de movimiento (Metaverba).

Al observar las estrategias que elaboran los actores regionales es posible, entonces, reconocer sintonías. Al parecer, las mismas carencias en Puerto Montt, Valparaíso, Concepción, Valdivia, Antofagasta y muchas otras ciudades, conllevaron a elaborar formas similares de afrontamiento. Por ejemplo, en la necesidad de consolidar las redes. El arte en región es un arte que funciona en base a ellas, tienden a trabajar cooperativamente, sea cual sea el tipo de actividad que realicen. Es un arte de amigos, de afectos y camaradería (Ignacio Szmulewicz). Las condiciones para un individualismo excesivo no son favorables, el egoísmo es cosa rara. Las personas se desenvuelven en contextos más pequeños, por ende socializan de forma diferente –probablemente, solo diferente a la de la capital.

Pero allí ocurren las catástrofes. El fuego en Valparaíso y el terremoto en el norte lo confirmaron. Esto nos obligó a mirar esos lugares, olvidándolos de forma rápida. Internamente, estos siguen organizándose y las actividades culturales forman parte esencial de su reconstrucción. Es decir, no se detienen en seguir confirmando las carencias o las demandas, sino en consolidar su propia autonomía. Quizás la apuesta ya no debería ser que Santiago mire las regiones, sino que las regiones se miren a sí mismas (Juan José Santos). Es desde la capital donde viene la descentralización como discurso culposo (Tomás Henríquez). Pero una cosa es indudable, el contexto regional permite leer ejemplarmente las disputas entre los recursos culturales y los recursos económicos. Ideales como lo del Parque de Puerto Montt, distopías como la Ex-Cárcel en Valparaíso, permiten pensar realidades específicas en medio de un sistema de confrontaciones sociales y políticas de escala nacional y mundial (Daniel Reyes León).

Titulamos este dossier “DEL NUEVO EXTREMO: DESCENTRALIZACIÓN Y CAPITAL”, porque hoy son muchos los extremos y porque poco de lo que vemos en el arte no habla del capital y sus usufructos. En la forma de aquel ánimo, cada vez resucitado, de ir sobre, contra o lejos de ellos, se reconoce la potencia crítica que cataliza su vocación política, una muy específica cuando hablamos de regiones (Katherinne Lincopil).

Este dossier pasa de la dignificación al fetiche, de lo subalterno a lo folclorizado, del territorio local al espacio abstracto. Es un número dedicado a pensar las realidades locales pero en el cual aparecen preguntas estructurales. El número de proyectos, agentes, locaciones e iniciativas no abordados es naturalmente amplio, y los atendidos no son necesariamente representativos del contexto al cual pertenecen, sin embargo, las voces de este dossier colaboran con la visualización de una actualidad diferente –un escenario más complejo, entramado y abierto al que Chile veía antes, menos encriptado y de una crítica menos neutralizada y más activa–, cuestión que obliga a repensar arte actual local.

*En la imagen Worm Gallery, cantera de arte independiente, espacio multidisciplinario para la producción y exhibición de arte contemporáneo ubicado en el Cerro Merced de Valparaíso.

Categoría: Editorial

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