Arte y Crítica

Crónicas - 17/01/2017

Llamada a Retorno

por Gimena Castellón Arrieta

Así como en una especie de baulera, de subsuelo de MI versión de MI MICROMUSEO aparece este ensamblado de memorias, que habitan mi vida diaria. Todos juntos, generan una sombra que me hace pensar en algo sagrado.

Si fuera posible reducir mi vida entera a objetos, no habría síntesis. Sería toda la vida misma. Vuelta una. Una historia de mi casa es igual a una casa, una vida es igual a una casa, una vida es igual a todo.
Llamada a retorno es el micromuseo que desarrollé en diciembre a la par que Danilo Cicive creaba una marquesina que estallaba de color y de verdad, MI MICROMUSEO es el PEQUEÑO MUSEO MÁS GRANDE DEL MUNDO. En una especie de anexo incluí un pequeño altar de mis objetos acumulados relacionados con la pérdida.
Cuando era chica, espiaba cuando mi abuela guardaba sus cosas en un cofre de madera que ponía debajo de su cama. En ese momento la muerte estaba ahí como algo llevadero, había muerto mi perro, pero lo llevaba conmigo siempre, llevadero. No había pasado por una pérdida que no me dejara algo. No había pasado por el tipo de pérdida que se lleva algo .
Un día, a los 9 años, tuve el tonto deseo secreto de que cuándo mi abuela se muriera ese cofre sería mío y podría tener sus tesoros. Era chica, entraba debajo de la cama sin que ella lo notara, veía sus tobillos castigados y venosos, sus manos suaves de piel fina y gastada, sus anillos con cuatro brillantes, su reloj: y el cofre siendo empujado hacia mí, sin que ella lo supiera.

Llamada a Retorno, Gimena Castellón Arrieta

Llamada a Retorno, Gimena Castellón Arrieta

Mi abuela era una mujer modesta, había trabajado siempre, pero la posibilidad de tener su herencia me dibujaba los misterios literarios en sus paredes empapeladas. Sabía además que mi abuela había tenido algún amor, o dos amores o quizás tres, lo cual me inspiraba y me intrigaba por igual, encontraba en su libro de rezos alguna pista y me aprendía de memoria oraciones que pudieran librarme de pecados, me sentía cerca de su escondido.
Mi abuela, Elisa, murió hace ya unos 8 – 9 años, no recuerdo exacto, o no quiero guardarme esa información bien… A los 3 meses me llegó una especie de sumario de su vida en objetos. Algo muy doloroso, pero un tesoro también. Recibí a cambio de una voz aguda que me decía Gemi, cuando quería decirme Gime, dos cajas de cartón de galletas. Dentro de una de ella estaban sus anteojos, quedé golpeada. Había muchas otras cosas, pero fui a la otra caja, estaba segura de que estaría ahí, y así fue, el cofre estaba ahí.
No tenía llave, me hubiera gustado que el secreto hubiera llegado intacto pero no fue así… de todos modos al abrir la tapa me encontré con varias cosas que me inundaron de sensaciones agudas. El reloj que eternamente llevaba mi abuela estaba ahí; me pregunté porque no entierran a las personas con sus amuletos… Luego varias estampitas, objetos sin mucho sentido para mi aún, algún broche, unos collares de perlas y en un rincón estaba un pastillero dorado con azul, al abrirlo vi los dientes que había perdido en mi infancia. Los reconocí, había otros, pero los míos estaban. Eso me lleno de odio y alegría a la vez.
Tardé un tiempo en entenderme, saber que eran esas sensaciones que tenía acerca de mi deseo cumplido, en el fondo me odié por desear indirectamente que mi abuela muriera para poseer sus misterios, yo la amaba como nunca más. Nunca pensé seriamente el alcance de un deseo semejante. Luego me alegré por saber que sus tesoros eran pequeños restos de mí misma. Una historia circular. Un acuerdo del que no habíamos hablado más que en silencio.
Así como en una especie de baulera, de subsuelo de MI versión de MI MICROMUSEO aparece este ensamblado de memorias, que habitan mi vida diaria. Todos juntos, generan una sombra que me hace pensar en algo sagrado. Un atado de ramas, que no se quiebra fácilmente, quizás sea un pararrayos de deseos a cumplirse.

www.castellonarrieta.com
www.mimicromuseo.com.ar

Categoría: Crónicas

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