Arte y Crítica

Crónicas - Febrero 2015

Incendio en Valparaíso. La imagen como prótesis de la memoria

por Rosa Apablaza Valenzuela

“Esos registros caseros, archivos audiovisuales son determinantes, permiten abrir un proceso de comprensión de la realidad que se contrapone con los infinitos modos de representación que se han instalado en las artes a través del uso del soporte videográfico”

¿Sabía usted que en el incendio ocurrido en Valparaíso el 12 de abril de 2014 hay muchas personas que perdieron sus prótesis dentales y otras ortopedias corporales que hasta el día de hoy (9 meses transcurridos) no han podido sustituir? ¿Sabía que cuando una persona pierde su prótesis dental es como si la silenciaran? ¿Esa placa que tanto costó que se ajustara a la medida? Las prótesis y otras extensiones del cuerpo también se calcinaron en la catástrofe incendiaria más grande de este país porque no hubo tiempo más que para arrancar de las bolas de fuego que caían sobre las casas, huir de los estruendos que producían los balones de gas al explotar, buscar a los niños y correr cerro abajo.

Y ahora…¿Las personas se tienen que resignar a no poder abrir la boca para hablar, o en cada enunciación ponerse la mano delante? ¿Tener dificultades para comer? ¿Ir transformándose lentamente en un sub-alterno? ¿Volver al punto cero de ese proceso de re-construcción de la subjetividad que comenzó cuando el cuerpo por fin logró asimilar la prótesis? ¿Mirarse al espejo y ver que el rostro, la mandíbula, la expresión es nuevamente otra?

A partir del taller de Ecotejido que realizo con mujeres en el Centro Comunitario Las Cañas desde Mayo 2014 he tenido acceso a relatos de primera mano acerca de estas cuestiones que parecen no verse. Entre las ideas recurrentes que compartimos también están estas políticas del cuerpo y la memoria que en su estado de pérdida han generado profundas afectaciones respecto tanto a dificultades motoras como a la percepción de la autoimagen.

Este texto tiene por objetivo solo poner algunas ideas en circulación para repensar los usos que le damos a los soportes fotográficos y videográficos a partir de la experiencia de ver que la producción visual muchas veces cae en una vacuidad totalmente despersonalizada de nuestra realidad social.

No propongo el uso de estos soportes a modo de “inclusividad”, sino por el contrario, propongo pensar cómo nosotros mismos podemos utilizar tecnologías sencillas para dar cuenta de realidades sociales, a diferencia, de por ejemplo, la vacuidad que podemos ver en costosas producciones audiovisuales y cinematográficas en chile que a partir del 2000 que se han centrado en problemáticas intimistas y subjetividades aisladas, construyendo una hegemonía propia y generando una auto-reproducción de sí misma. Un buen ejemplo donde han sido analizadas estas cuestiones es el libro “Intimidades desencantadas. La poética cinematográfica del dos mil” del autor Carlos Saavedra, publicado por Editorial Cuarto Propio en 2013.

He tomado el ejemplo del incendio en Valparaíso porque es la realidad con la que convivo actualmente y porque me interesa al menos mencionar cómo han operado en este caso algunas tecnologías en la reconstrucción de la memoria.

Otro tema recurrente en el taller, además de pérdida de las prótesis corporales como tal, es la pérdida de los álbumes fotográficos. Una relación directa con la memoria. Es decir, el incendio de Valparaíso ha operado de la misma forma que lo han hecho diversos mecanismos de la doctrina del shock implementada hace bastantes años en este país: amedrentar, aturdir, debilitar las fuerzas y por sobre todo, borrar la memoria.

En este caso en particular el uso de medios de registro responde de forma inmediata al estado de afectación y emergencia. Algunas personas damnificadas, al momento de la catástrofe tenían sus celulares consigo, ahí están sus mayores tesoros fotográficos y audiovisuales de memoria subjetiva e histórica en tres temporalidades: el antes, el durante y el después. Han compartido conmigo algunos de estos registros diciendo: esta era mi casa, esos eran mis perros, así me veía yo cuando tenía los dientes.

A partir de esta experiencia quería referirme a posibles modos de relacionarnos con nuestras tecnologías más cercanas, pensando en la imagen fija y en movimiento en tanto apropiaciones de nuestro cuerpo en presencia del flujo constante de reconstrucción de escenas a modo de registro mnemónico. No hay grandes presupuestos, no hay un trabajo audiovisual de por medio, no hay géneros cinematográficos, no son registros normativos, solo urgencia de memoria inmediata a través de estos medios fluctuantes.

La posibilidad de las personas afectadas por el incendio de tener registros fotográficos y audiovisuales en sus celulares ha sido crucial para un proceso de reconfiguración/reconstrucción de la memoria individual y colectiva. Estos registros remiten a la relación con el pasado pre-incendio, al momento de la catástrofe y a la realidad post trauma, permitiendo un proceso de identificación que vendría a hacer de prótesis a la pérdida. En este sentido, esos registros caseros, archivos audiovisuales son determinantes, permiten abrir un proceso de comprensión de la realidad que se contrapone con los infinitos modos de representación que se han instalado en las artes a través del uso del soporte videográfico y que han sido analizadas desde distintos puntos de vistas que se refieren a “la crisis de representación” que se instala con la modernidad.

Si bien no ahondaré en lo anterior, quisiera referirme a un proyecto que han trabajado con el tema imagen/memoria a partir del incendio ocurrido en Valparaíso: el Festival de Cine de los Cerros de Valparaíso.

El Festival de cine de los cerros este año ha celebrado su primera edición, en distintos espacios de Valparaíso, entre ellos el Cerro Las Cañas, afectado por el incendio. El grupo de coordinadores del festival han trabajado directamente con pobladores del cerro realizando un taller de cine en el Centro Comunitario Las Cañas, posibilitando todo el proceso de producción de un cortometraje por parte de los propios pobladores. Al mismo tiempo se realizó una proyección de distintas producciones nacionales de cine social en el sector de El Vergel alto (Más información).

Para concluir, el modo en que nos relacionamos con la imagen en movimiento, da cuenta de nosotros como sujetos sociales dentro de un determinado contexto, en cuanto a lo que vemos, lo que escuchamos, lo que grabamos, lo que decidimos editar, mostrar, finalmente donde ponemos la mirada y donde está nuestra urgencia de prótesis. Y que en esa, finalmente, puesta en escena somos responsables de lo que nos sucede tanto como individuos o como cuerpo social. Por eso muchas producciones del género video arte y del cine de ficción no dejan de parecerme una seguidilla de imágenes antojadizas que coquetean con el VJing más despolitizado.

Categoría: Crónicas

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