Arte y Crítica

Crónicas - octubre 2012

El retorno del desenfreno erótico. Acerca de la muestra “El progreso del amor” de José Pedro Godoy

por María Jesús García Larraín

El cuerpo masculino como elemento fundamental del erotismo: por sus estilos y lenguajes circulan el frenesí de la seducción y la búsqueda primigenia del hombre

Me fui. Nada me ató. Me liberé de todo y me fui. A placeres que, medio reales, medio soñados, rondaban en mi alma, me fui en la noche iluminada. Y de los más fuertes vinos bebí, como del que beben los héroes del placer.

Constantino Kavafis, Fui. 1913.

Es la conciencia escrupulosa del ser y el carácter instintivo del proceder. Es la convergencia de sujetos en cuerpo, en la que ambos sacian el perfume de su esencia y escudriñan en el núcleo del coraje. Es también, a ratos, una misteriosa impasibilidad que descoloca. Es la voluptuosidad que aborda y desborda el vigor masculino. Es el pathos que el mundo helénico comprendía como el deseo sublime de un absurdo arrebatador. Es la sensualidad, un vigilante oculto que subvierte el precepto para expresar y manifestarse en plenitud.

Son encuentros cotidianos, instantes excepcionales, alegorías, parangones y enigmas que el artista José Pedro Godoy representa para revelar la condición humana, buscando redimir el éxtasis de la carne en la adolescencia desde el enamoramiento hasta su momento más incomprensible: la indiferencia.

En la obra de este artista, el cuerpo masculino es el elemento fundamental del erotismo: por sus estilos y lenguajes circulan el frenesí de la seducción y la búsqueda primigenia del hombre. El encuentro entre congéneres, el diálogo insinuado de los personajes, su materialidad común y lo intangible del eros, nos transportan a un instante breve de acción estática que predica en la ausencia del murmullo; hay un silencio reflexivo que otorga.

Se muestran pinturas de animales en situación de coito que denotan una similitud con el acto sexual humano, el cual tiende a restringirse por los tabúes instaurados en la colectividad, siendo que el campo del erotismo es precisamente el de la transgresión de esas prohibiciones.

Así, en un gesto evocador de semejanzas dialécticas, el pintor identifica parte de la sexualidad humana construida en la animal y demuestra que, pese a todas las diferencias existentes entre una y otra, a fin de cuentas, hay un sesgo de animalidad en la manifestación carnal del hombre que instaura el retorno del desenfreno erótico.

José Pedro Godoy. "Declaración de Amor"

José Pedro Godoy. “Declaración de Amor”.2012. Cortesía del artista

El deseo en la obra de Godoy se exhibe por medio de múltiples rasgos, poses y atavíos sin vestiduras, simulando un diálogo sutil entre los distintos personajes que interactúan al interior de los cuadros. Tanto las posturas más ingenuas como las más perversas, adquieren un carácter erótico al ser trascendidas por ese momento deslumbrante de la mente que se relaciona con la inconsecuente actitud de indiferencia o apatía insinuada en algunos de los sujetos partícipes. A través de escenas idílicas expuestas en entornos naturales, el artista describe la subjetividad latente en las etapas de la conquista amorosa: el deslumbramiento de la seducción y el éxtasis sublime provocado por la atracción física.

Su pintura consigue atraer nuestras miradas, no sólo por la minuciosidad de la técnica empleada, sino también por la perspicaz representación del desafuero y el artificio de lo orgiástico. La dimensión erótica aquí se encuentra en un punto en el que confluyen diversos fenómenos como el impulso animal, la prohibición, la civilización, la transgresión, el fantasma de la conciencia y la espectacularidad que se manifiesta en la disposición escénica de ciertas obras.

Como lo afirma Bataille, “hablamos de erotismo siempre que un ser humano se conduce de una manera claramente opuesta a los comportamientos y juicios habituales. El erotismo deja entrever el reverso de una fachada cuya apariencia correcta nunca es desmentida; en ese reverso se revelan sentimientos, partes del cuerpo y maneras de ser que comúnmente nos dan vergüenza” (Bataille. 2007. 115).

El carácter transgresor del sujeto, revelado por su condición homosexual, descubre tanto el placer de la libertad que lo embarga, como la angustia provocada por la culpa. Ese tránsito del estado normal al deseo erótico supone una parcial disolución del ser; su individualidad se fractura en la sexualidad, los fluidos se expanden y enlazan con los trozos de un cuerpo que antes era ajeno. La desnudez ya advierte la presencia de la libido que naturalmente conlleva una sensación de lujuria, sugiriendo entonces la idea de descomposición y recomposición de fragmentos que se disgregan para luego fusionarse con otros cuerpos.

El desnudo masculino deja entrever en esta muestra un extenso recorrido de placeres y exploraciones en torno a un erotismo netamente viril que florece –como los infinitos brotes de pétalos en uno de los cuadros– durante el período de la adolescencia, una fase de la juventud de la que emanan percepciones tabúes en el encuentro entre sujetos del mismo género, relegando la presencia femenina a un plano difícilmente palpable por la mirada del espectador.

José Pedro Godoy. "Los Bañistas"

José Pedro Godoy. “Los Bañistas”. 2012. Cortesía del artista

A través del realismo y la figuración, Godoy crea narrativas sobre el homoerotismo en torno al desnudo masculino, con lo cual logra cautivar al espectador por medio de un simbólico gesto que lo embarca en un viaje de ensueño hacia la nostalgia de un momento fugaz cargado de contradicciones.

Esta es, sin duda, una muestra sensitiva que manifiesta una continuidad narrativa sutilmente legible desde la perspectiva del público. Son representaciones pictóricas que captan momentos breves de un relato, admitiendo la conjunción de diferentes situaciones desde el movimiento de sus personajes y la disposición alegórica de estos cuerpos que pese a su quietud evocan un continuo talante erótico, invitándonos a articular una nueva historia. En estas obras de grandes dimensiones el artista vuelve a la figura humana y la dispone en atmósferas silvestres para, a partir de ello, crear una suerte de paraíso terrenal en el que se desenvuelve una narración sin demasiados precedentes.

A propósito, Octavio Paz escribió: “El fuego original y primordial, la sexualidad/ levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez/ sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. /Erotismo y amor: la llama doble de la vida”.

Textos referenciales
  • Kavafis, Constantino. Poesía Completa. Alianza Literaria. Madrid. 2011.
  • Bataille, Georges. El erotismo. Ed. Tusquets. Barcelona, 2007.
  • Paz, Octavio. La llama doble: amor y erotismo. Seix Barral. 1993.

Categoría: Crónicas

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