Arte y Crítica

Crónicas - abril 2014

Cartografías emergentes. Diario de viaje desde el escritorio

por Antonia Girardi

Una ciudad. Enjambre de insectos y pájaros aplacados por el ruido del tráfico, un teléfono sonando en alguna parte, transporte público a lo lejos, ruido de puertas o ventanas, un avión que pasa rasante y un grito enérgico que sobrepasa la frecuencia del tráfico. Mapas fílmicos y mapas sonoros, recorridos por mafi.tv y audiomapa.org.

“El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones. […] Puede dibujarse en una pared, concebirse como una obra de arte, construirse como una acción política o como una meditación. […] Contrariamente al calco, que siempre vuelve «a lo mismo», un mapa tiene múltiples entradas. Un mapa es un asunto de performance, mientras que el calco siempre remite a una supuesta compétence.” Gilles Deleuze y Félix Guattari, 1988.

Inexorables como solo pueden ser los plazos. Se hace cada vez más tarde y los artistas envejecen, están a punto de descolgarse de la rama y dejar de ser emergentes, mientras intento vislumbrar la mentada problemática del artista en verde. Con mi propia juventud a cuestas, forastera en el ámbito de las artes visuales, me dispongo a ir en busca de esas tierras ignotas de la generación sub 30 que transita y habita las galerías del circuito capitalino. Pero en seguida desisto. No tengo en la práctica un espíritu tan aventurero.

Reviso mi caja de herramientas, voy del escritorio al navegador, del archivo Word a la barra de marcadores, y aunque intuyo que no deja de ser trivial, me obsesiono con sacar cuentas: 1979, 1981… Todas mis posibles cartas, provenientes en su mayoría del cine y las artes mediales, bordean o sobrepasan los 30, o lo que es peor, no parecen responder tan claramente al criterio de lo “emergente”. O quizás sí, solo que subrepticiamente. Más que por un par de números, por el modo en que se sitúan en el espacio y explicitan en ese gesto nuevas posturas que emergen y se enraízan colectivamente, compartiendo los mismos canales de riego. Proyectos de gente joven o joven aún, que queriendo cartografiar el mundo trazan el mapa no solo de su tiempo, sino también de sí mismos; de la disciplina de la cual provienen o aspiran encaminarse; de sus amigos, enemigos y compañeros de ruta; y de aquellas operaciones que con mayor o menor desfase realizan al unísono.

Captura www.audiomapa.org, 2014, cortesía Fernando Godoy.

2014, captura www.audiomapa.org, cortesía Fernando Godoy.

Mapas sensoriales

Descubro Audiomapa (plataforma virtual que desde el 2012 se aboca a investigar y sistematizar el paisaje sonoro del continente) por azar, siguiendo un link de Facebook del festival de arte sonoro Tsonami con el que esta plataforma guarda estrechas filiaciones. Una América Latina brillante plagada de círculos amarillos me hace pensar que los sueños desaforados de Gabriela, poeta y prosista emergente de su tiempo, no estaban tan lejos. “Ya se han hecho los mapas visuales, y también los palpables; faltaría el mapa de las resonancias que volviese una tierra ‘escuchable’. La cosa vendrá, y no muy tarde; se recogerá el entreveramiento de los estruendos y los ruidos de una región. […] Posando angélicamente los palpos de la ‘radio’ sobre la atmósfera brasileña o china, se nos entregará verídico como una máscara, impalpable y efectivo, el doble sonoro, el cuerpo sinfónico de una raza que trabaja, padece y batalla” (Mistral, 1931).

Vuelvo a escuchar, aunque en un tono menos épico, su voz ronca corredora de patrias, mientras me dirijo a la sección Escucha de Audiomapa. Tres opciones de búsqueda se despliegan hacia abajo (Aleatorio, Por categorías, Viaje sonoro), dudo un segundo, y haciendo honor a la generación del random elijo aleatorio y me dispongo a escuchar –medio siglo más tarde– los palpos de la radio.

Ronroneo de gato, Daniela Gieste, captura www.audiomapa.org, 2014, cortesía Fernando Godoy.

Daniela Gieste, “Ronroneo de gato”, 2014, captura www.audiomapa.org, cortesía Fernando Godoy.

Una ciudad. Enjambre de insectos y pájaros aplacados por el ruido del tráfico, un teléfono sonando en alguna parte, transporte público a lo lejos, el canto de un pájaro en primer plano, ruido de puertas o ventanas, un avión que pasa rasante, un grito enérgico que sobrepasa la frecuencia del tráfico.

Mi paisaje sonoro se ve sin duda alimentado por la información extra del borde izquierdo de la pantalla que el ojo experto en cifras y localizaciones recoge veloz: “Cerca de las 7:00 am, desde la rendija de una ventana apenas abierta” en Rua Real, Estado de Río de Janeiro, Brasil. Los pájaros se vuelven así tornasoles, el exterior se redibuja exótico, con grandes helechos y aves tropicales, mientras que la tos de un niño despertando al interior de una habitación se hace de pronto audible. Así suena la calle Real, cerca de Botafogo, en Río de Janeiro, esa mañana de septiembre; así suena hoy, 11 de marzo desde Alférez Real, cuarto piso, Santiago.

Casi 11 minutos de grabación y la imaginación ya quiere escaparse, tomarle la palabra al concepto de aleatoriedad y recorrer miles de kilómetros en pos del próximo destino. Sin siquiera un clic, la imagen del Google Earth deviene agreste y la cuadrícula de casas de esa gran metrópolis da paso a un tupido bosque cubierto de nubosidad parcial. El título dice Ranas (Fernando Godoy, Noche del 22/03/2013) y en efecto, aunque no las vemos, se escuchan croar. Estamos en Cochrane, Región de Aysén, Chile. A pocos kilómetros de allí, junto al lecho de un río coloreado de pixeles en azul, otra señalética invita a escuchar.

Café tostado. Ruth Simeone, Tarde del 06/02/2014. www.audiomapa.org, cortesía de Fernando Godoy.

Ruth Simeone, “Café tostado”, tarde del 06/02/2014, captura www.audiomapa.org, cortesía de Fernando Godoy.

Con intenciones artísticas o no, Godoy nos regala la huella existencial de un sonido en peligro de extinción. Donde dos ríos confluyen, confluye también la fisionomía del presente y la especulación respecto al futuro ¿Cómo sonará este lugar cuando la termoeléctrica lo haya inundado? Seis minutos más tarde volvemos a lo urbano. El correr del agua se trueca en platos, tazas, máquina de café, vapores, rumor de gente y conversaciones donde apenas se distingue palabra.

Al estilo de los antiguos geógrafos que un día se embarcaron en expediciones oceánicas para dibujar los confines de la tierra, o de los operadores Lumière que viajaron por el mundo llevando a cuestas el cinematógrafo, quienes participan de este proyecto lo hacen desde un interés que muchas veces se debate entre lo científico y lo artístico, entre el archivo y la investigación de un paisaje sonoro que activaría indistintamente la imaginación y el acervo documental.

Respecto a la procedencia de las colaboraciones, Godoy señala que cualquier interesado puede participar, el único criterio es que deben ser grabaciones del medioambiente, no composiciones musicales o situaciones construidas por quien graba. Es decir, estamos ante un proyecto que más que fomentar la noción de autor o de obra, busca contribuir de manera colectiva a la incipiente investigación sonora de nuestro continente, y de paso explorar las posibilidades interdisciplinarias que por extensión se desprenden de este particular mapa. De esta manera sería la plataforma misma, sus mecanismos internos y el modo en que va complejizando su topografía sonora a medida en que recibe nuevas colaboraciones, la que se instala en el panorama extendido de las artes mediales como un gesto emergente.

Captura www.mafi.tv, 2014, cortesía Chirstopher Murray.

Captura www.mafi.tv, 2014, cortesía Chirstopher Murray.

Al igual que Audiomapa.org, Mafi.tv, Mapa fílmico de un país, se define a sí mismo como un mapa abierto, una operación colectiva que buscaría generar una comunidad audiovisual dispuesta a replantearse la noción de territorio nacional, construyendo por retazos una cierta mirada. La cartografía podría ser entonces, siguiendo las palabras de sus creadores C. Murray, P. Carrera. I. Rojas y A. Luco, no solo la representación fílmica de un espacio acotado, geográficamente localizable, sino una operación crítica y creativa donde el resultado exceda los parámetros de una imagen país institucionalizada. De esa forma, no de Chile, sino de un país, como sugieren los creadores del proyecto en más de una entrevista, el mapa configurado le propone al usuario viajar en distintas direcciones: Ubicación, Realizadores y Fecha. Asimismo, al desplazar el cursor por la pantalla, las aparentes postales ahí dispuestas se tiñen de color, arrojan un título y una categoría, transformándose en una suerte de placas tectónicas donde al menor clic se dará paso al movimiento. Ese movimiento que según la joven Gabriela le faltaba a los mapas “pedantes y paralíticos” de los geógrafos para ofrecernos con toda su vitalidad la fuerza del viento, o la intensidad de la tronadura de un iceberg, al que solo sería posible acceder mediante el cine.

Ya desde los años 30 el cine documental se transa en la empresa un tanto futurista de rescatar y ofrecernos extractos del paisaje viviente; la diferencia estaría tal vez en el genio creador de estos nuevos operadores que al momento de trazar el mapa de la contingencia y la cotidianeidad nacional, incluyen como inevitable pie forzado un formato específico de registro que contempla encuadre fijo, duración breve y sonido directo. Fórmula que en mi opinión, si bien en sí misma no se traduce en “una mirada autoral, reflexiva y de alta calidad visual”, sí serviría en conjunto como laboratorio para instalar nuevos imaginarios geográficos y culturales donde confluyan las efusiones de lo real con la invención de un nuevo territorio.

Niño contra el Viento, captura www.mafi.tv, 2014, cortesía Pablo Carrera.

“Niño contra el Viento”, 2011, captura www.mafi.tv, cortesía Pablo Carrera.

Así, en la experiencia viajera, cual árboles o postes en la carretera, la mirada, más que decantar de un preparado de recomendaciones formales, aparece entremedio de estos microdocumentales como un destello. Relampagueando tanto en el diseño que el ojo teje de un lado a otro, saltando de Niño contra el viento (Pablo Carrera, Febrero 2011, Maullín, Valdivia) a Deber cívico (Israel Pimentel, Septiembre 2013, Liceo B36 José Miguel Carrera, Recoleta, Santiago); como en el gran mapa de realizadores jóvenes y no tanto, emergentes y no tanto, que la plataforma misma nos ofrece como reflejo de un tiempo y un momento en el panorama de las artes audiovisuales y todos esos universos culturales paralelos que el cine por vocación convoca.

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