Arte y Crítica

Crónicas - julio 2014

Arte en regiones o sobre las leyes de la atracción

por Ignacio Szmulewicz

La historia ha demostrado que el encierro constante y perdurable en un solo lugar puede empezar a volverse un simple mirarse el ombligo. La movilidad, la conectividad, el tránsito y los viajes son experiencias fundamentales para la vida contemporánea. A cada segundo y en cada lugar, nuestro cuerpo se fragmenta alejándose del antiguo Hic et nunc para entrar en la aldea global.

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I. Sentimientos comunes

El año pasado participé del encuentro “40años40acciones” en Concepción. Durante la primera semana de septiembre, un grupo de artistas e intelectuales ocuparon diferentes dependencias privadas, sitios eriazos, edificios y plazas públicas, con la finalidad de poner en escena la historia oculta de la tortura y la desaparición de cuerpos durante la dictadura chilena. Con un intenso programa que incluía seminarios, presentaciones, performance, intervenciones urbanas, visitas a terreno y proyectos colaborativos, “40años40acciones” constituyó un evento único a nivel país en el marco de las conmemoraciones de los cuatro decenios que habían transcurrido desde la oscura mañana del 11 de septiembre de 1973.

Por razones de tiempo solo pude estar dos días en la ciudad. Me aboqué a seguir el itinerario que los organizadores habían propuesto y que llevaba al público a participar de acciones en la Plaza de la Independencia, en pasajes comerciales, en el edificio de los Tribunales, en los camarines del Estadio Collao o en la Universidad de Concepción. Sitios históricos que había conocido en su momento pero que, salvo muy pocos casos, no cuentan con ningún tipo de codificación que los incluya en un mapa de lugares de memoria.

El clima se manifestó con su tradicional melancolía: cada cierto rato nos inundaban unas lloviznas amables que hacían de las caminatas por la ciudad una experiencia solemne, importante, aunque también cotidiana. Terminábamos las noches en bares, sumidos en largas conversaciones sobre el evento, la importancia de la fecha, el valor del arte y otras discusiones teóricas y, por cierto, no tan elevadas.

 Acción Guillermo Moscoso, "40años40acciones", registro Ignacio Szmulewicz.

Acción Guillermo Moscoso, 40años40acciones”, registro Ignacio Szmulewicz.

Curiosamente, tanto en mis días en la creciente Concepción como en la atronadora Santiago he percibido un sentimiento compartido vinculado al provincialismo, una particular manera de enfrentarse al mundo exterior que corresponde a una extremada versión de la fábula bíblica de David y Goliat. El mundo del arte vive de síndromes paranoicos independiente de los lugares en que uno se encuentre. En la capital, el sentimiento provinciano y localista es abrumador. Cada exposición internacional, cada premio en el extranjero, cada viaje o salida, es una instancia para sacar a la luz los traumas del desconocimiento. En las regiones, la envidia y el empequeñecimiento son a ratos agotadores. Quiéranlo o no, capitales y regiones –en Chile–, comparten esa sensación de aspirar a más, anhelar lo que en apariencia y con la deformación de la distancia el otro tiene.

II. El espectador viajero

Lo curioso de todo esto es que las prácticas concretas se alejan de estos traumas tan instalados –lo que implica que los ideales siguen existiendo a pesar de que casi nadie crea en ellos. La historia ha demostrado que el encierro constante y perdurable en un solo lugar puede empezar a volverse un simple mirarse el ombligo. La movilidad, la conectividad, el tránsito y los viajes son experiencias fundamentales para la vida contemporánea. A cada segundo y en cada lugar, nuestro cuerpo se fragmenta alejándose del antiguo Hic et nunc para entrar en la aldea global.

Y con el viaje se aprende a contrastar, a conocer el mundo ajeno, entender y aceptar las diferencias. En esto pensaba mientras hablaba con mi amigo performer Samuel Ibarra, otro amante de las actividades ‘fuera de la capital’. Tratábamos de exponer las virtudes consustanciales que una ciudad como Concepción tenía frente a una megalópolis como Santiago. Mientras que el campo artístico en la ciudad de las grandes alamedas los feudos individuales son innumerables, como pequeños cités, resulta prácticamente imposible encontrarse con protagonistas de diferentes mundos culturales en las actividades diarias. Los espectadores del arte gozan de vivir entre inauguraciones, mientras que desconocen las miles de caretas que la ciudad entrega en los diferentes aspectos: música, teatro, cine o literatura.

En ciudades con una vida cultural más acotada como Concepción, Valparaíso o Valdivia, sentarse a media mañana a tomar un café junto a escritores, músicos, antropólogos o políticos es pan de cada día. Como pueblo chico, el encuentro diario hace que la continuidad y la persistencia se vuelvan valores cotidianos. Tomarle el pulso a esos escenarios es fundamental. Y un nuevo tipo de espectador es el que puede nacer de esta constatación.

Acción Silvo da Gracia, "40años40acciones", registro Miguel Godoy.

Acción Silvo da Gracia, “40años40acciones”, registro Miguel Godoy.

El espectador de arte es estático, sereno y complaciente. Cada vez más, incluso desde los aparatos del Estado, lo que se premia es que el arte llegue a la gente, vaya al encuentro del público, se desplace para encontrar al otro. Propongo, en ese sentido, una mirada levemente invertida. Un espectador que quiera nutrir su sed de conocimiento y experiencia debe mantener un cuerpo móvil y activo en la búsqueda de los lujos y placeres que significa el arte.

III. Redes sin centro

Después de varios visitas a diferentes “escenas locales”, como las llamaba Mellado, creo que puedo decir algunas cosas menores sobre sus constituciones. Mientras que el modelo Mellado era crucial para el fortalecimiento a nivel productivo, la gran mayoría de las virtudes que se encuentran en cada una de estas escenas corresponden a elementos de recepción. Es decir, que el foco del problema, tanto tiempo asociado a ‘más y más’ fondos, puede situarse en la consolidación de ciertos marcos escenográficos para la construcción de experiencias específicas en determinados contextos.

Perdonando la vaguedad, quiero referirme a la importancia de esos marcos escenográficos para la recepción; y esto volviendo al caso del evento “40años40acciones”. La factibilidad de los recorridos, la densidad y claridad de las performance, la unificación que existió entre prácticas y discursos, permitieron una de las mejores situaciones para un evento de arte y ciudad –como pudo haber sido el “Valparaíso intervenciones”, de no mediar el terremoto de 2010.

La primera de las acciones del evento consistió en un ‘mapeo colectivo’ en el histórico Foro de la Universidad, proyectado en la década de los cincuenta por Emilio Duhart, donde los participantes escribían lugares, nombres y recorridos vinculados a las desapariciones durante la dictadura. Como muestran los registros fotográficos, la acción se llevó a cabo en un hermoso día soleado al centro del Foro donde se dispuso una gran tela blanca. Como actividad inicial sintetizó no solo el tono del evento. sino también las propias características de una escena que se ha volcado a la ciudad, la comunidad, la participación, la memoria y la política –a esto me refiero con ciertos marcos escenográficos. Junto a Valparaíso, no existe otro lugar en Chile donde las actividades de arte y ciudad sean tan fuertes y tan complejas como en Concepción. Como espectador de tales actividades encuentro un polo de atracción en el sur que es invaluable para profundizar en tal conocimiento.

Acción Samuel Lizama, "40años40acciones", registro Ignacio Szmulewicz.

Acción Samuel Ibarra, “40años40acciones”, registro Ignacio Szmulewicz.

Precisamente de esto se trata: de efectos de atracción; de lograr que el fenómeno artístico sea de tal calidad e interés que sea capaz de atraer al ávido público por sus propias leyes y sin perder la exquisitez de su constitución –algo que en las redes sociales es sumamente palpable: solo algunos asuntos se convierten en trending topic. De este modo, el valor asociado a la fábula de David y Goliat es transmutado por la ley de la curiosidad, el ojo ávido e incontrolable. Viajar al Festival de Cine de Valdivia, conocer Ciudad abierta en Ritoque, palpar la humedad del Museo de Arte Moderno de Chiloé, sentir la sonoridad del Teatro del Lago, son todas experiencias que de ninguna manera se mantienen en tensión con la capital; su potencial se escapa a esa tan nimia discusión para formar una trama de lugares imprescindibles, con múltiples centros y sin ninguna periferia.

Categoría: Crónicas

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