Arte y Crítica

Críticas de Arte - enero 2013

Vicios y Triunfos, lo mejor y lo peor de los premios y concursos

por Daniel Reyes León

El pie forzado hace omitir, tal como los concursos terminan solo hablando de los galardonados. En lo mejor y lo peor de los concursos quisimos ir más allá del premio y centrar la mirada en las gestiones que hacen de un premio, beca o concurso, un aporte o una devaluación de las obras, sus procesos y el desarrollo que, finalmente, se quiere para el arte local.

Lo Mejor: becas de apoyo a proyectos y seguimiento de artistas

Lo mejor de todo es que se está ampliando la cantidad de concursos y premios de arte que permiten hacer circular las obras y los artistas. Es importante destacar que la modalidad de premio o concurso es algo que, hecho con suficiente esmero y atendiendo los vaivenes del contexto, ha permitido la entrada de empresas y organizaciones privadas que anteriormente no tenían una participación en el impulso y apoyo del arte contemporáneo. En este sentido, la masa crítica ya ha asumido la asociación del arte con una marca, y éstas últimas han prestado más atención a los requerimientos propios del quehacer artístico contemporáneo.

Si bien esta asociación data desde hace muchos años, podemos ver que iniciativas municipales, de museos, ferias o empresas privadas, así como becas, se han consolidado como una plataforma donde los artistas –sin dejar de desarrollar proyectos– pueden crear un canal de inserción en la escena local, sin necesidad de pasar por las programaciones de galerías o espacios de arte. En muchos casos, el premio es la misma exhibición y la producción de ésta; en otros, el ganador accede a beneficios de producción inexistentes en el país.

En este sentido comenzaré por destacar el premio bianual de la beca CCU, el cual evidencia una gran preocupación, previa a hacer público el concurso, por diseñar una estrategia completa de promoción para el artista ganador. La primera beneficiada, y con justa razón, fue Alejandra Prieto, quién en diciembre de 2012 nos presentó “Relación de Aspecto”, muestra realizada en la sala de Arte CCU y que desarrolló patrocinada por esta beca, luego de residir en Nueva York durante más de tres meses. Si bien debo remitirme a hablar de los concurso en sí, el hecho que el premio de la beca CCU implique una residencia y una exposición en Nueva York y otra en Santiago, permite articular un itinerario para el artista, estableciendo un precedente para que no solo se premie una obra de manera estacionaria, sino como un modo de apoyar y promocionar el desarrollo de un proyecto.

Hasta hace poco tiempo, las nociones con las cuales se basaban los premios de arte local estaban dadas por un rédito netamente económico. En algunos casos se compra la obra, en otros se entrega una cantidad de dinero. Sin embargo, la propuesta de CCU, muy similar a la beca AMA –que también sumo a lo mejor de los concursos y premios, y consiste en una beca de residencia y producción auspiciada por Juan Yarur y el Museo de Artes Visuales– establece un vínculo de producción, acogiendo al artista ganador para ser apadrinado durante un período, y no solo a nivel económico, sino dándole acceso a circuitos de circulación nacionales e internacionales.

Alejandra Prieto, "Invisible dust", 2012, Y Gallery, Nueva York, cortesía Sala de Arte CCU.

Alejandra Prieto, “Invisible dust”, 2012, Y Gallery, Nueva York, cortesía Sala de Arte CCU.

El diseño general del premio beca CCU es, desde mi punto de vista, lo más destacable del año 2012 y, si bien esto se viene gestando desde el 2011, hoy, ante hechos consumados, podemos ver que se trata de una modalidad arriesgada, pero que ha dado sus frutos y ha apoyado a una excelente artista. Del mismo modo es interesante destacar al segundo y a los terceros premios de este concurso. Isidora Correa, quien entre marzo y mayo de 2009 presentó la instalación “Reserva” en la sala CCU, así como Soledad Pinto y Gianfranco Foschino –el tercer premio compartido– artistas que están cumpliendo a cabalidad con el hecho de haber sido en algún momento promesas.

Lo Peor: la endogámia

Lo peor de los concursos implica una trama más compleja, vinculada a las esferas académicas y asistenciales del arte, así como lo que mencioné en el texto post-curatorial del número anterior de arteycritica.org como la nueva definición de la ética artística –establecido a partir del dominio de la ironía–. Si bien no tengo ningún reparo con las obras ganadoras del 7º Premio de Arte Joven del Museo de Artes Visuales (MAVI) y Minera Escondida, me parece poco astuto y que no le hace honor al trabajo de los artistas ganadores, que ambos hayan sido ayudantes –en ámbitos académicos y de taller– de Cristián Salineros y Alicia Villarreal, éstos últimos, quienes oficiaron de jurado en el concurso.

Debo recurrir a mi propia experiencia cuando fui a la inauguración de la muestra, donde lo primero que me dicen, antes de siquiera entrar, fue que los ganadores son o fueron ayudantes de los jurados. En principio lo archivé como el típico resentimiento de quienes no ganaron, pero luego me percaté que casi todas las personas vinculadas de uno u otro modo al concurso, sabían de esta situación, argumento por el cual devaluaban a los trabajos ganadores, a los artistas y a todo el entorno del concurso en sí. Me parece lamentable que el trabajo de artistas con muchísimo potencial y con una obra consistente, sesuda y, en el caso de la obra de Leonhardt –”Pasos en Falso”–, muy acuciosa en la observación de la cultura como un espacio ampliado de reflexión, se vea empañado por esta endogamia propia de una novela de lo real mágico.

A mi parecer, las obras comenzaron a tener cola de cerdo y, como en toda endogamia familiar, se acercaron al retardo mental que caracterizó a las monarquías europeas del medioevo. Sin más, y con el riesgo de hacer publico algo que nace como copucha, pero que termina por ser determinante para conocer nuestra escena local, me parece que estos favores son lo peor de los concursos de este recién pasado 2012.

Categoría: Críticas de Arte

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