Arte y Crítica

Críticas de Arte - febrero 2015

Océano 1 cm de profundidad, de Daniel Cruz

por Daniel Reyes León

Si me preguntan por la canción del verano, tengo claro que el sonido cadencioso de esos motores escribiendo lentamente alguna pavada de twitter sobre la ausencia, lo es. En la pieza “Océano 1 cm de profundidad” de Daniel Cruz, la narración queda delegada a la acción repetitiva, insistente, pero, a su vez, propia de una reflexión en espiral sobra la acción misma de escribir.

La vasta obra electrónica y medial de Daniel Cruz pareciera estar perdida para los horizontes curatoriales en ciernes. Durante diciembre de 2014 y enero de 2015, en la sala anilla del MAC de Parque Forestal, se mantuvo con un funcionamiento intermitente, la obra Océano 1 cm de profundidad. Pero ni hablar de lo intermitente, eso da para otro artículo, ya que prácticamente ningún museo en Chile es capaz de soportar una pieza con las complejidades tecnológicas que comprende la obra de Daniel Cruz. Recuerdo cuando Demian Schopf tuvo que montar la Máquina de Coser en el MAC de Quinta Normal, o la video instalación de sus fotos tomadas en el norte de Chile que realizó en el MAC de Parque Forestal, donde la infraestructura museal mostró sus calzoncillos manchados respecto al soporte necesario para las obras que requieren determinadas condiciones para su funcionamiento. Más aun, para no irme en picada contra el MAC, recuerdo una experiencia personal en la sala Bellas Artes de Mall Plaza Vespucio, donde el amperaje de la sala no daba abasto con la video instalación La Vida Privada del Agua.

Daniel Cruz, "Oceano 1 cm de profundidad", 2014, imagen cortesía del artista.

Daniel Cruz, “Oceano 1 cm de profundidad”, 2014, imagen cortesía del artista.

Pero, como les dije, eso es para otro artículo sobre las limitaciones institucionales a nivel técnico. Por eso mejor hacer cosas sencillas. Hacer máquinas, video instalaciones, generar dispositivos complejos en el arte, es estoico por sí mismo y se reduce a ser “un artista complicado”, o a desaparecer de la escena porque la escena –literalmente– no te soporta. Obviamente esto se refleja en las curatorías. Los curadores, en operaciones táctico-oportunistas, no se van a complicar con los entretelones productivos que implican estas obras. Quizás nunca han leído a Raymond Roussel, o evaden el mito de Sísifo que implica trabajar con este tipo de obras. Comodidad o desidia, las nuevas curatorías se han centrado en proponerse a sí mismas como relatos y ficciones de una escritura, pero artistas como Daniel Cruz han entrado directamente en ese problema en su propia obra.

Ésta fue realizada con la colaboración de la empresa de ingeniería innervycs.com, este proyecto financiado por los fondos de creación de la Universidad de Chile, pareciera ser un dispositivo integrado a una realidad medial. Sin embargo, culmina ejerciendo una operación de traducción y acción, donde el material es escrito para que narre sus ausencias.

Daniel Cruz, detalle "Oceano 1 cm de profundidad", 2014, imagen cortesía del artista.

Daniel Cruz, detalle “Oceano 1 cm de profundidad”, 2014, imagen cortesía del artista.

Quizás en un gesto anticuratorial, la obra Océano 1 cm de profundidad, se plantea a sí misma bajo el problema de escribir, de escribirse. Y si nos fijamos en muchas de las obras mediales que se crean en nuestro país, podemos ver cómo ellas mismas se encargan de asumir la falta de escritura en torno a este tópico. Es cosa de revisar los catálogos de la Bienal de Video y Artes Mediales, actual Bienal de Artes Mediales, y ver que el análisis de las obras no existe, no hay lectura de las mismas. Esto deja que los artistas que insisten en trabajar con estas técnicas, deban asumir en la misma obra el problema de la escritura.

Daniel Cruz así lo asume, y si bien utiliza las plataformas significadas como democráticas para hacer de la escritura una entidad de libre acceso, su planteamiento está centrado en cómo su obra dialoga desde el texto. La palabra ausencia es el criterio de búsqueda en twitter, el motor de búsqueda es un sitio alojado en la red y el robot toma la última captura de frases para llevarla tipográficamente a una piscina de arena, para luego ser borrado por una especie de racleta de aluminio y volver a repetir el ciclo.

Una cosa es lo que escribe y otra cómo lo hace. Si bien el origen de los textos resulta aleatorio y muchas veces decepcionante –como la misma literatura–, se hace en modo analógico. Mediante una plomada, que parece una cápsula de alunizaje invertida, tomada por cuatro hilos negros a servomotores elevados, la gravedad va escribiendo, lentamente, frases escritas rápidamente. El suave y medido movimiento de la plomada sobre la arena, reemplaza los dedos, ya sean del recuerdo de alguna vez haber escrito algo en la arena, o de alguna vez haber posteado algo en Twitter. Dedos que asumen lo digital de toda la escritura, incluida la de programación.

Alguna vez alguien me decía que escribir es lo más barato, lápiz y papel y ya está. Pero los significantes operativos de una máquina de escribir o un dispositivo disuasivo en torno al texto, son problemas de una visualidad que requieren una sensibilidad con el material, y ven en la escritura un área donde la materia y el texto establecen nuevos significantes. Contenido y contenedor se convierten así en una pieza temporal, en una performance donde los máquinas son asumidas desde la original sencillez de la escritura.

Daniel Cruz, detalle "Oceano 1 cm de profundidad", 2014, imagen cortesía del artista.

Daniel Cruz, detalle “Oceano 1 cm de profundidad”, 2014, imagen cortesía del artista.

También es el lugar de la arena. El robot, se encuentra acompañado de seis fotos de arena fundida. Fotografiadas a modo de observación científica –fondo blanco, foco en el objeto, vista frontal– las arenas son de seis playas del litoral chileno, y constituyen el lugar donde se inscribe la escritura de Daniel Cruz. Fundiendo la arena en oxicorte, el mismo usado para descerrajar cajeros automáticos, el artista crea pequeñas joyas documentales con técnicas de robo sofisticado.

Así mismo, roba frases del paisaje medial e inscribe –en tiempo irreal– esas mismas frases en el paisaje marino, regalando al paisaje la capacidad de ser soporte y medio a la vez. Si me preguntan por la canción del verano, tengo claro que el sonido cadencioso de esos motores escribiendo lentamente alguna pavada de twitter sobre la ausencia, lo es. Se puede extrañar la naturaleza misma de lo que escribe, pero se trata de un proyecto sistálgico –nostalgia de lo que si está–, donde la narración queda delegada en la acción de una máquina que realiza una actividad destinada a ser borrada una y otra vez. Sísifo y Twitter.

Pueden pinchar AQUI, para ver el video registro de la muestra en el MAC de Parque Forestal

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