Arte y Crítica

Críticas de Arte - agosto 2013

Infiltraciones de la realidad. Deudas con lo urbano y preludios de lo público

por Carol Illanes

¿Cuántas formas tiene lo real de filtrarse? Sin duda hay más horizontes que interrogar sus dimensiones objetuales. Creo que la realidad de lo urbano (tendencia generalizada del arte a observar la ciudad) se deja ver también en otras extensiones, por ejemplo, en lo que ocurre en regiones actualmente en el campo de la gestión cultural o en cómo existe hoy una mayor sensibilidad por “los públicos”.

Retrasos de lo real

En un breve documento escrito a propósito de la 27º Bienal de São Paulo, “¿Cómo vivir juntos?”, Jacques Rancière dirá que el arte contemporáneo ha tendido hacia una especie de obsesión, incluso un “fanatismo de lo real”, no solo en su tendencia a abandonar la abstracción de aquello que se aleja del mundo existente, sino también en la promesa moderna de un arte que busca salir de sí mismo. Esto, que ya lo había dicho Foster, Jameson y muchos otros, sin embargo, tiene un énfasis especial en su sentencia. Ya sea en la forma de intentar no despojar de sus cualidades a los objetos ingresados, ya sea mediante un arte relacional, ya sea mediante obras que intervienen en la realidad social, dicha unidad estaría dada por un tema: la ciudad.

Entrado el siglo XXI, podríamos decir que Chile ha mostrado a su manera esa preferencia de pensar lo real desde las dinámicas que acontecen en el espacio urbano. A nivel curatorial, por ejemplo, exposiciones como “Post-it city”, “SCL2110” o “Dislocación” lo confirmaron en su momento: grandes eventos que visionaban un interés transversal por observar los problemas de la ciudad contemporánea. La ciudad y el espacio público como tema no son la única posibilidad de cómo ingresan su influencias al interior de los lenguajes y los espacios del arte. Pero muchas de estas formas están apenas ahora pensándose y conociéndose, lo que implica, otra vez, percibir un retraso de la teoría respecto a la producción.

"No hay razón para sufrir terrorismo de Estado". Cuadernos de Movilización. Intervención Torres de San Borja. 2013. Cortesía Colectivo

“No hay razón para sufrir terrorismo de Estado”, Cuadernos de Movilización, Intervención Torres de San Borja 2013, cortesía del colectivo.

Esto fue lo que en parte pudo comprobarse en el Primer Encuentro de Arte Público en Chile, organizado por la Comisión Nemesio Antúnez, que tuvo lugar el 18 y 19 de junio en el Museo Nacional de Bellas Artes. Algo no encajaba en la perspectiva que se ofrecía: legislaciones que protejan las esculturas públicas de los rayados de los “delincuentes”, lo enriquecedor de destinar espacios a graffiteros y las poéticas de uno que otro romanticón escultor, fueron algunos de los contenidos de los ponencistas durante el segundo día. Las palabras más lúcidas, referidas a la apreciación y la recepción pública de obras en la ciudad, las pronunció una profesora de Enseñanza Básica que voluntariamente había acudido al museo intentando acceder a lo que en los debates de la disciplina se formulaba en torno a la relación arte contemporáneo y recepción.

La decepción, sin embargo, no tenía que ver tanto con las expectativas como con la imposibilidad de dar lugar, en ese contexto, a asuntos contingentes que estaban demasiado fuera de las discusiones (la única invitada internacional, de Costa Rica, finalizó su presentación con un video de una performance colectiva de un Harlem Shake): las transformaciones económicas de la ciudad en Chile y Latinoamérica y su avasallador impacto, el boom de eventos de intervención urbana, el complejo escenario regional y los trabajos colectivos de los últimos años, las manifestaciones urbanas en las protestas por la educación, entre otros. Estos asuntos estaban demasiado abandonados en una jornada donde el último comentario fue literalmente “el arte público es muy importante”, luego de que Martínez Bonati, el invitado especial para la sesión plenaria, diera una espontánea lección sobre el apocalíptico futuro un arte virtual que, según él, es lo que viene.

Para algunos de nosotros esto era la confirmación de una anacrónica mirada al tema de “lo público”, la atención puesta donde ya no es productivo el debate, en un marco institucional que, para variar, demostró no conocer más allá de sus narices. Esa relación con lo real y la ciudad de la que hablaba Rancière estuvo absolutamente ausente. Y, como dice Bordieu, “sin embargo, el mundo está allí” exhibiendo un contexto bravo de politizaciones, demandas, desafueros y violencias.

Vista desde el interior "Una cuadra a la redonda", Local 2702, 2012, cortesía Andrés Peña.

Vista desde el interior “Una cuadra a la redonda”, Local 2702, 2012, cortesía Andrés Peña.

 

Lo real sitiado

Una de las presentaciones en el encuentro, sin embargo, propuso un material interesante en relación al tema de este dossier, en tanto materializaba y daba forma a un ingreso de lo urbano bastante sintomático y alegórico. Andrés Peña presentaba “Una cuadra a la redonda” proyecto realizado en Local 2702 (Universidad Arcis) en noviembre del pasado año. Se propuso la intervención del radio que rodeaba el espacio de Local, articulando obras que debían “negociar su lugar y permanencia en el espacio urbano”.

Siete artistas pondrían en funcionamiento las nociones de circulación, espacio y cotidianidad dentro del perímetro entre las calles Esperanza, Moneda, García Reyes y Av. Libertador Bernardo O’ Higgins. El pie forzado era crear un vínculo entre el lugar a intervenir y el lugar expositivo: Alejandro Leonhardt dispuso cromáticamente trozos de pintura de diferentes casas del sector (imposible no pensar en varios trabajos de la muestra “Minimalismo Made in Chile en M100” que, pese a su deficiente montaje, lograba percibir ese “formalismo contenidista” tan propio de la producción local). Carlos Costa instaló un bloque de hormigón con una placa que contenía la información del artista y la fecha, que bajaba por una de las rejillas frente a Local. Andrés Peña movilizó un árbol manteniendo soportes dentro y fuera del lugar, (recipientes similares a los que contienen árboles) remitiendo a la operación del comercio ambulante. Natalia Palomo utilizó una llave de agua al interior del espacio para instalar una manguera que regaba diferentes espacios exteriores del perímetro establecido.

 

Natalia Palomo, "Sin título", 2012, cortesía Andrés Peña.

Natalia Palomo, “Sin título”, 2012, cortesía Andrés Peña.

En los trabajos intercambiaban el afuera y el adentro, exhibiendo ese intercambio de manera literal y concretamente. Los trabajos hablaban sobre sus propios límites como cosas. Ya no el cratilismo platónico de hacer del signo la cosa misma, ya no la similitud del modelo ni su riesgo, sino la pura disposición de objetos que estiraran su condición de objetos dentro del emplazamiento dispuesto para ello.

La manguera de Natalia Palomo identifica de manera más clara esa salida incómoda. Esa incómoda aparición de lo real cuando la operación artística alegoriza su propia pérdida en el mundo. Más allá de ser una funcionalidad disfrazada de obra, o una obra disfrazada de funcionalidad, el trabajo figuraba esa aspereza. Una escala de 1:1 para lo real.

Oberturas de lo público

¿Cuántas formas tiene lo real de filtrarse? Sin duda hay más horizontes que las dimensiones objetuales de lo real. Creo que la realidad de lo urbano se deja ver también en otras extensiones, por ejemplo, en lo que ocurre en regiones actualmente en el campo de la gestión cultural. “Valparaíso no necesita arte contemporáneo –me decía Paulina Varas en una conversación reciente–. Necesita hospitales, colegios, necesita todo lo demás”. El contexto porteño, autoconsciente de su precariedad y abandono, ha configurado una escena cultural cuya adaptabilidad está dada precisamente por sus carencias. La fuga de la realidad urbana allí ha adoptado, inevitablemente en muchos proyectos, una cara social. La Lechuga (de Espacio G) y Patio Volantín serían ejemplos extremados de esas salidas, formas de autogestión que mezclan la cultura, lo culinario y lo comunitario.

Afiche "Talleres por trueque",  Patio Volantin,  2012, Cortesía Patio Volantín.

Afiche “Talleres por trueque”, Patio Volantin, 2012, cortesía Patio Volantín.

 

Pero el paradigma del “rol del arte” en términos de recepción se deja percibir también en otras aperturas. Otro ejemplo de filtración de lo real podría ser entonces cómo existe hoy una mayor sensibilidad por “los públicos”. Esto puede observarse en la manera en que actualmente se ha propagado en las instituciones una veta educacional en forma de talleres, charlas, lecturas de obra (que han superado la simple “visita guiada”) cada vez que un evento expositivo lo permite. Hay una vocación, un intento de formar un público que, a mi parecer, es causa de un efecto sincrónico. Me imagino que sería una especie de intento de atacar aquello que ya sabemos existe, una clara y arrastrada deficiencia en la relación arte contemporáneo y públicos, desde uno de sus cimientos (imposible no pensar en la aún más radical crisis, clara y arrastrada de la educación chilena). Como si el colapso de la paciencia a esperar cambios estructurales significativos derivara, al interior de la institución artística, en prácticas concretas de formación. Si esto no es vinculación con la realidad (entendida como aquello que impele a la sociedad y al contexto) no se qué es.

La relación de lo real con el contexto institucional no pasaría entonces solo por el ingreso de los diversos lenguajes y dispositivos que remitan a las formas de mediación de lo real, así como tampoco solo por el ingreso de problemas, territorios y temas que remitan a lo social y a lo político (repito “ingreso” y “remiten”, es decir, un intento de “hacer lugar”, la producción de obra como “conducto”) sino –también– en lo que, desde allí, se intenta construir y, más importante aún, cómo. Esta, me parece es una relación entre lo real y el contexto que no ha sido leída como proceso sincrónico y están mucho más adelante a nivel institucional que la organización de un Encuentro de Arte Público como el acá citado.

Huertos Flotantes, Espacio G. Proyectos con Código Abierto, 2011-12, cortesía Espacio G.

Huertos Flotantes, Espacio G. Proyectos con Código Abierto, 2011-12, cortesía Espacio G.

 

Así, la influencia de esa dupla (real-contexto) respecto al campo del arte no puede ser invisible, y es cosa de ver la historia del arte desde ella para que nos parezca infinitamente sospechoso si no lo hace. Cuando Kepler descubría que las órbitas eran elípticas y no perfectamente circulares, Holbein pintaba en anamorfosis y Borromini hacía cúpulas en forma de ovoide. El fin del mundo medible, la victoria del caos y la pérdida del centro, en pleno barroco europeo, podía entreverse en todos los campos del saber. La ciencia podía decir mucho más del arte que el arte mismo. Hoy la distancia que el arte puede tener con lo real a nivel epistemológico localmente es absurda, casi como si el arte no se mirara fuera de sí.

Voy a insistir en esto, no ver este asunto tiene más relación con nuestra miopía, que con un escenario estéril. Porque hay producción, un capital variado a lo largo y angosto de nuestro aislado país, pero al parecer no ha corrido paralelamente a su asimilación, su reflexión, su teorización, su historización y su crítica. Extraña cosa. Porque a ratos pensamos que “acá no pasa nada” y cuando tu abuelita dice “es que el arte es elitista”, no tienes cómo explicarle que no es que lo real y el arte no se toquen, sino que hay formas de lo real que no caben en la academia. Y pese a que la mayoría de nosotros fuimos formados en ella, y conocemos sus vicios y estancos (porque los llevamos como una latente enfermedad hereditaria), es una extraña cosa, lamentablemente extraña, que carezcamos de herramientas para asimilar las diferentes aperturas que efectivamente están generandose. Pero, sobre todo, que no exista un impulso generalizado a intentar hacerlo.

La búsqueda de más herramientas (el levantamiento de nuevos archivos, relaciones más responsables con la historia del arte latinoamericano, la comunicación e involucramiento con otros campos, la colaboración e intercambio con ellos) dependerá de que asumamos que existe en nuestra relación con la realidad, uno que otro prejuicio, que no es otra cosa que la protección de un espacio separado. Mientras tanto, habrá que entender que con lo real hay por lo menos una falta de comprensión lectora.

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