Arte y Crítica

Críticas de Arte - abril 2014

Curatoría y el destino de la materia particulada del arte chileno

por Carol Illanes

Nadie dijo que lo nuevo es mejor que lo viejo, pero extraño sería volverse viejos antes de tiempo.

Desde el punto de vista epistemológico, la emergencia hace referencia a la imposibilidad del observador de predecir el surgimiento de propiedades nuevas en el sistema que estudia. (…) se da un fenómeno emergente si para predecir su comportamiento adecuadamente, es necesario introducir un nuevo elemento o propiedad en el modelo (que no sea la mera combinación de sus elementos anteriores)

“Emergencia”, Wikipedia

El síndrome de la emergencia, universidad y big bang

Finaliza un año, inicia otro y en la cartelera cultural, como es de costumbre desde hace un par de años, destacan los eventos de artes visuales abocados a dar tribuna a los frescos y prometedores artistas recién egresados. Exhibiendo su sudor o su suerte, y con la ventaja del relativo desconocimiento de sus genéticas artísticas, logran sorprender o aburrir a un amplio público, no mucho mayores que ellos en la mayoría de los casos.

“El montaje de ese chico que conocí en aquella fiesta me sorprende, es impecable”. “Ese que quiere ser León Ferrari y no le sale, es menos astuto de lo que cree”. “Eso de allá es muy UChile”. “Ha madurado la obra de esa chica, a la que le escribí un texto alguna vez”. “Esto de acá es muy, muy PUC” “¿Y quién ganó el primer lugar?” “¡¿Esto ganó?!” “¡¿Quién es el jurado de esta cosa?!”. La mayoría va recorre y saca conclusiones, extrapolando lo que ve a asuntos como el lugar donde se encuentra y cómo se relaciona con lo que ha visto antes, con lo que cree saber del arte y con lo que ha leído, escuchado, masticado y contradicho del mismo.

Exposición Umbrales, Universidad Católica, Centro Extensión UC, 2014, cortesía UC

Exposición Umbrales, Universidad Católica, Centro Extensión UC, 2014, cortesía UC.

Una cuestión es indudable: el fenómeno del emergentismo en el arte local, dado sus condiciones, es sumamente curioso. Porque sigue cada vez más prolífica la “escena” del “arte joven” (y sigue desagradándonos cada vez más la etérea categoría de “arte joven”), pero el escenario necesario para sostenerlo avanza a ritmo glacial. Entonces uno no puede decidirse si la cosa va demasiado rápida o demasiado lenta.

Sin embargo, estamos de acuerdo en varias cosas: hablar de una “generación” así sin más es algo complicado de justificar; nos preocupan los problemas de este exceso de oferta sobre la demanda; nos preocupa un circuito minúsculo en comparación a cuántos forma la academia; nos preocupa que aquello que se produzca sea prejuzgado por la respectiva escuela de donde proviene; nos preocupa el abandono estatal; nos preocupan las fortuitas preferencias del primitivo e incipiente mercado nacional, entre otros claros y desalentadores diagnósticos.

Pero no seamos tan pesimistas, tan ingratos, tan predeciblemente chilenos para nuestras sentencias. La fertilidad de la escena no es como la fertilidad de un bosque de pinos, donde crecen profusamente árboles espesos, que huelen bien pero que matan la tierra y después nada crece allí. Una de las más recurrentes recriminaciones, y que se materializa a nivel expositivo, es la falta de un “algo” que aglutine, que se destile un relato, un asunto respecto a esa escena. En otras palabras, que la heterogeneidad de la emergencia tienda a aparecer en su carácter bruto. Cuando se entra a alguno de los eventos que describía al principio, la primera molestia de la mayoría es no poder aventurar “un” criterio. El criterio puede entregarlo un dispositivo potencial capaz de subsidiar esa heterogeneidad. Un dispositivo que le haga justicia. Este dispositivo creo puede ser el de la producción curatorial.

Concurso Universitario Arte Joven Balmaceda, 2013, cortesía MAC

Concurso Universitario Arte Joven Balmaceda, 2013, cortesía MAC.

En la mayoría de los casos se podría defender estos eventos, son muestras que no apelan más que a mostrar resultados de convocatorias, de concursos, de egresos. Pero ¿es demasiado ambicioso pedir un relato, una investigación o una mirada autoral que haga dialogar, aunque sea desde la ficción, este gran espectro de partículas?

Academia, curatoría e historia

Sobre la curatoría en el campo artístico local hay más preguntas que certezas. Curador como curandero, como productor de infraestructuras, como bróker, como gestor, como mediador, como autor, como hub, como dicen algunos. No se sabe a ciencia cierta cuáles son los límites de su tarea. Lo cierto es que la escasez de contenidos (historia de las exposiciones, curatoría en el arte chileno contemporáneo, trabajos de campo) y de prácticas (montaje y museografía, comunicación, autogestión, fondos concursables, lógicas del mundo empresarial) en el campo académico, agrava las preocupaciones señaladas arriba.

La universidad, y particularmente la gestión cultural, no prepara para la realidad del campo expositivo y curatorial, no solo porque se instaló un modelo económico que disparó las escuelas, los espacios y herramientas de visibilización, sino también porque la disciplina de la historia fue progresivamente derrotada (si es que alguna vez ganó en nuestro contexto) frente al relato de la curatoría.

Es claro que en Chile la curatoría vino a recomponer la historia, o derechamente a llenar sus vacíos. En el arte reciente existen amplios ejemplos.

Exposición "Umbrales", Universidad Católica, 2014, cortesía Centro Extensión UC, cortesía uc

Exposición “Umbrales”, Universidad Católica, 2014, cortesía Centro Extensión UC.

Es paradigmático el caso de la historia como disciplina y su crisis de identidad, del retorno al sujeto social y mental: pasó a la fragmentación y de ahí pasó al fin. Un nihilismo, un individualismo y un “todo vale”, fueron las consecuencias de que se agotasen las certezas, cuando las grandes catástrofes mundiales eliminaron la idea de un destino histórico. La noble disciplina corría el riesgo de entregarse a una anarquía metodológica, con el fin de eliminar la ortodoxia.

Lo que se llamó “el desmigajamiento” de la historia, la democratización de las formas de hacer y concebir la disciplina, fue algo que resuena bastante en la historia del arte. Sobre todo con el paradigma contemporáneo del archivo. Como decía Panofsky: todo objeto puede volverse una huella. Toda huella, asumimos entonces, puede devenir archivo. Pero la iconología misma permitió esa apertura; una obra es un proceso de significación, un cruce de relaciones con la producción humana en general, lo que hace que se abran transversalmente las posibilidades de investigarla. Barra abierta para la labor curatorial.

Entonces, volviendo a nuestro escenario, tal como se preguntaron en su momento los historiadores: ¿somos más libres ahora con este futuro abierto? ¿Existe un nuevo paradigma? Gaspar Galaz, en la entrevista para el número 5 de Arte y Crítica, no podía cuajar un adjetivo que no fuese “multiplicidad” o “multidiversidad” para explicar el escenario actual, y naturalmente se sentía más cómodo con aquellos artistas que tenían desglosado su argumentación teórica y su genealogía. Pero entonces persiste la pregunta sobre qué esperamos para leer la emergencia.

Frontis Museo de Arte Contemporáneo, Concurso Universitario Arte Joven Balmaceda, 2014, cortesía MAC.

Frontis Museo de Arte Contemporáneo, Concurso Universitario Arte Joven Balmaceda, 2014, cortesía MAC.

Curatoría y editorialidad

Una relación incómoda respecto a este asunto es la de curatoría y editorialidad. Derivado de la importancia de la curatoría, una vez instalado el catálogo como lugar para la producción teórica, muchas preguntas surgieron cuando comenzó un nuevo formato y una distinta circulación de libros de arte. Empezó con Revisión Técnica, con Copiar el Edén, siguió en Chile Arte Extremo y ahora se viene con Sub30. Catalogan. Sí, efectivamente compilan un espectro. Pero sufren de las mismas recriminaciones que los eventos citados al inicio. Quizás su función no debería ser otra: son libros que están hechos para circular y eso está bien, no hay duda de aquello.

Pero, y pensando en el capital intelectual, material y la infraestructura institucional que involucran, ¿donde están los relatos tan anhelados por la teoría local?, ¿el criterio, la lectura de campo, la investigación, la lectura de obra, la relación con otros campos?

Me parece interesante que la pintura como género pueda representar un nudo de problemas para el arte contemporáneo, dada la tradición de ciertas escuelas y artistas locales. No me parece tan interesante que no se destile en una ficción más allá del “diversos estilos”, “diversas materialidades”, “diversos referentes” (en otras palabras que reproduzca el paradigma posmoderno del desmigajamiento de la historia) y el relato de los procesos sea reducido a la hipóstasis romántica del trabajo del taller (otros ejemplos de otras hipóstasis pueden ser “Robo con Factura” en LOCAL o la última Bienal de Artes Mediales).

Formalismo versus activismo y otras reducciones

Emergencia, según Wikipedia, es la heterogeneidad vuelta un sistema que no puede reducirse. La emergencia es de hecho lo contrario al reduccionismo y al dualismo. Recuerdo que hasta hace muy poco se tendía a ubicar a los artistas en dos polos: “los hippies” y los “vendidos”. Hoy parece que resuena otra polarización: “formalistas” versus “activistas”. Las posibilidades de internacionalización y el contexto social chileno, respectivamente, han producido un amplio espectro de obras que pueden ser asociadas a estas formas.

Pero seguimos oponiendo y más aún leyendo en clave de “obras”, de material particulado, en suspensión, sin inscripción que asimile transformaciones de una escala mayor que su referente inmediato. Entonces, frente a tomar una posición respecto a uno u otro, ¿no es más productivo e inconformista buscar una vía diferente de observar la emergencia? Si hablamos de emergencia, como dice el epígrafe, en vez de oponer sus partes constituyentes es necesario incorporar un elemento otro, que lo explique.

La curatoría puede ser una vía, una renovación de la mirada mediante una matriz articuladora de sentido, una forma de ver el fenómeno que logre hacer de su explosión la mediación necesaria para, por un lado, colaborar con ir en contra de los diagnósticos de escena que tanto nos aprobleman y, por otro, volver “patrimonio” algo vivo que está ocurriendo aquí y ahora. Algunos proyectos curatoriales particulares, muy pocos en comparación a la producción, parecieran tener esta necesidad mucho más presente que la mayoría.

Spoilers, memorias del Chile reciente Galería AFA, Santiago, 2013, cortesía AFA

“Spoilers: memorias del Chile reciente”, 2013, cortesía Galería AFA.

Con un abandono académico, institucional y estatal, ¿de dónde sino de la propia porfía de algunas convicciones y obsesiones particulares es posible cuajar la microescena que está esperando ser leída? ¿O derechamente detenerse en los modos de trabajo u otras producciones que no ingresan en dualidades como lo está haciendo Nekoe, Espacio G, Worm Gallery, Pia Michelle, plataformas de discusión como las generadas por Curatoría Forense? Nadie dijo que lo nuevo es mejor que lo viejo, pero extraño sería volverse viejos antes de tiempo.

Galería Temporal, 2013, cortesía Galería, fotografías Pablo Guerrero).

Galería Temporal, 2013, fotografías Pablo Guerrero, cortesía Galería Temporal.

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