Arte y Crítica

Críticas de Arte - febrero 2015

Bajo las fauces de El Deseo. Sobre cine argentino

por Matías Allende

Somos testigos cada año de victorias y fracasos en la circulación de las películas producidas en la región. Sin embargo, a veces, como si fuese por un rompimiento de gloria, las grandes distribuidoras fijan su atención en nuestra cinematografía. Sin embargo, el precio a pagar parece alto cuando se exigen estándares de ubicuidad cada vez más parecidos, perdiendo un raigambre de identidad y con ello, sistemáticamente, factores de localidad, cuestión que acá será discutida mediante dos cintas de cine argentino que se pudieron ver en Chile.

El año recién pasado el cine argentino obtuvo un nuevo éxito dentro del mercado internacional del cine –ahora con una nominación a los premios de la Academia–, esta película es Relatos Salvajes. El metraje de Damián Szifrón fue un golpe dentro de la cinematografía latinoamericana, puesto que su nivel de alcance, tanto en salas comerciales como en festivales, fue algo pocas veces visto antes. Ahora, una película que tuvo una circulación modesta llegando a cines comerciales, por lo menos en los países del cono sur, sin ser por atisbo un éxito como la anterior, fue el film Betibú de Miguel Cohan, una película de producción y distribución menor aunque no por ello constituye un fenómeno menos interesante.

Relatos Salvajes o Wild Tales –como se le conoce en su distribución internacional– son distintas historias sobre violencia y venganza. Pone a prueba a cada uno de sus personajes en situaciones límite en las que ellos se ven enfrascados por un giro tortuoso y forzado del destino. Los recursos narrativos son escasos e, inclusive, las historias/”cuentos” sin una conexión real se hacen extenuantes (es decir, no es una película coral, ni se aproxima). Este exceso de metraje ocurre porque desde los primeros minutos de cada narración el film obliga al espectador a ser testigo de un exceso de violencia inusitado y absolutamente gratuito. Si no fuese por el relato La Propuesta, protagonizado por Oscar Martínez y María Onetto, donde un padre millonario se tiene que hacer cargo de cubrir el crimen de su hijo adolescente, la película sería una serie de gags absurdos y amanerados, de excesiva violencia, sin una trama realmente atractiva. Esta historia es la única que tiene una suficiencia en sí misma y permite que el espectador tenga un espacio para la imaginación e involucrarse con la historia.

Damián Szifrón, "Relatos Salvajes", 2014 .

Damián Szifrón, “Relatos Salvajes”, 2014 .

Por otro lado, la película Betibú, protagonizada por José Coronado (Lorenzo Rinaldi en el film), cuenta la historia de un periodista retirado de la sección de crímenes del periódico, que se ve colaborando con Nurit Iscar, reina de la novela negra y quien lleva el seudónimo Betibú, encargada de resolver el asesinato de un magnate (una excelente Mercedes Morán). La película no tiene mayor pretensión que ser una historia de misterio entretenida, que presenta personajes entrañables con gestos y costumbres cotidianas, los cuales se ven involucrados en una superestructura del terror que los envuelve y obliga a dilucidar el misterio. Es una película sencilla, con actuaciones descollantes de dos actores señeros del cine argentino, un film que recuerda a la infravalorada The Ghost Writer de Roman Polanski (2010), en su trama de misterio y en su acceso a un entretenimiento bien ejecutado y con una dirección que se nota llena de entrega. Sin embargo, la película peca de tratar de amarrar todos los cabos sueltos de la trama, incluso dando al personaje protagónico de Morán las facultades imaginativas de resolver toda la película. Es justamente en el guión donde la película se cae, pero que durante la casi hora y media de metraje la cinta se disfruta, eso es indiscutible.

Ahora bien, el problema en Relatos Salvajes no pasa por el lugar que ocupa en su producción la empresa El Deseo, de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, sino las expectativas de hacer una pieza “almodovoriana”, pero “a la argentina”. Puesto que el humor absurdo de un cotidiano violento que disfrutamos en cintas como La ley del Deseo (1987) o Kika (1993), acá funciona como una imposición para que la película de Szifrón comulgue con un supuesto exotismo de lo producido por la sociedad trasandina. Casi como si fuese una lengua franca de una franquicia que distribuye una marca, hoy, de indiscutible calidad. Y esto, pienso, es un error del director de tener pretensiones que su película no alcanza y de los hermanos Almódovar de no ver que en la diversificación de sus cintas, como ya lo hicieron con La Niña Santa (2004) y La Mujer sin Cabeza (2008) de Lucrecia Martel, una inteligencia como empresa cinematográfica, ampliando en propuestas, autores y discursos.

Fotograma "Betibú", Miguel Cohan, 2014 .

Fotograma “Betibú”, Miguel Cohan, 2014 .

Ahora bien, las diferencia de taquilla entre ambas películas es notable, así como su repercusión internacional. La calidad de uno y otro producto, sin siquiera estar comparando “cine de autor” o “experimental” con uno de carácter comercial, es abismante. Relatos Salvajes, producida por El Deseo de los hermanos Almodóvar, tuvo un alcance internacional impresionante el que, sin embargo, para este autor es una nube de humo. Los simpatizantes de este film argumentaban que por fin el cine argentino salía del relato cotidiano, que ya no era la historia del barrio, el club, la familia, la milanesa, el maté, Boca versus River, etc. Y si bien, esa es una afirmación correcta, es una película que no atisba ningún espíritu nacional, sus personajes están tan exagerados que ni actores como Erica Rivas logran salvarlo (no haré referencia a Ricardo Darín que está actuando de sí mismo, o el verlo en tantas películas al año se hace insoportable). Ante lo mismo, habría que preguntarse hasta qué punto tenemos que ver historias totalmente descolgadas de nuestro contexto para que el mundo se interese.

Por el contrarioBetibú, sin ser una obra maestra, ni con la pretensión de serlo, nos presenta una historia sencilla y entretenida, pero que de momentos habla de una Argentina real, donde las diferencias de clases existen, donde las personas adineradas viven encerradas con otros adinerados, desconociendo el mundo real del resto, y es este resto el que tiene que sumergirse para resolver sus crímenes.

Fotograma "Relatos Salvajes", Damián Szifrón, 2014 .

Fotograma “Relatos Salvajes”, Damián Szifrón, 2014 .

Un flaco favor ha hecho la industria en este caso para el cine argentino, hoy vemos como la repercusión internacional es el factor primordial, sin valorar una cinematografía que consagra al guión y a sus actores. En ningún momento señalo que no deben existir películas como Relatos Salvajes, pero que su salvajismo quede en historias como la de un padre que oculta el crimen de su hijo, y no en una industria internacional que trata de coaptar una nacional (o regional) que se afirma lenta, pero segura.

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